20061212

Domingo


Era domingo en misa cuando la piernuda me andaba alcanzando, y yo que no me iba a dejar, aunque en el fondo bien que me gustaba la chaparrita. Me salí por la puerta de la sacristía que da al panteón sin darle chance a que me viera, pasé echando escupitajos y santiguándome entre las tumbas para espantar a los muertos y curarme en salud. No estaba como para dejarme alcanzar ni para agarrar un mal viento, desde siempre nunca me gustó ir solo al camposanto!

Supongo que hice todo lo posible para evitar que me alcanzaran las dos, de Rosa me pude escapar fácil, pero de la sal del mal viento en el panteón, pues ni como, ni para donde correr, ni donde esconderse. Me fui caminando y nada más vi como se me trataba de esconder masticando su rabia entre las columnas del portal, ahí agazapada la mala suerte, esperando que alguien pasara para dejarle caer su maldición pintada del color de la noche y rapidita para la maledicencia, la libré en el panteón pero aquí me la encontré de frente. Bueno al fin a ella ya no le podía regresar nada, ya me tenía marcado y bien escondido entre sus costillas estaba su alma toda fría en que le botaba todo.

El pozo del agua en la huerta se sentía más profundo, y aunque había llovido mucho, el agua no estaba buena, se sentía malograda. Te asomabas y sentías como que te llamaba alguien, pero solo era el eco de tu propia respiración en los reflejos de los círculos que se formaban en el fondo, sacando un poco de agua para limpiarte la vergüenza y lo de junto, con ese sentimiento de repetición que no te deja quedar limpio, que se esfuma cuando estas igual de mugroso y con el mal olor del agua. Ahora ya lo sé… abajo estaba el muerto.

Más tarde, oí como los perros aullaban; había salido rumbo al jagüey y llegué todo puerco del polvo del día, buscando meterme a refrescar entre sus aguas y cuando sentí frio, pues me salí y empecé a buscar el sol entre los árboles para dejarme consentir por ese calorcito en que deje las patas al aire para que se secara el pantalón. Ahí fue cuando sentí como me miraba entretenida, como quien no tiene que hacer sino dejar que las cosas pasen en la añoranza, jalando el aire despacito para no delatarse, pero aún así sentí como me robaba el suspiro, como un beso frío en que contuve la respiración, pero fue inútil, no pasó nada pues que iba a ser, ya estaba bien muerto. Algo me deslumbró, era como un reflejo del agua entre mis ojos por siempre abiertos, y sentí como me rompía todito mientras algo se me desgarró por dentro y pa siempre. El cielo sin nubes se llenó de flamas y ya nada volvió a ser igual desde ese día en que me quedé aquí, esperando a los susurros del viento del amanecer y que Rosa venga de mañana al jagüey para extrañarle sus piernas el resto del día.
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