20141227

Y si no ahora ¿Para cuándo?

Firma lo que te digo;
-Tuya, para lo que haga falta-
Y sobro en que faltar a tu invitación. Lo dices y el frío se dejó venir en mi cuerpo con un sopor que cala y nos transborda a las sábanas. Macarena, eres tentadora, todo es para hoy y nada para dejar huella, ni sembrar y menos permanecer. Así es estar, encontrarte en lo malo que puede pasar, es solo dejar pasar hoy para esperar mañana en ese dormir inquieto y despertar dudado y con el miedo de que aun estés aquí.

Me pides permiso para desvestirte y se desvistes, con la lluvia que más tarde se esconde entre dos brazos, se disimulaba tu talle en una almohada a media pierna, descanso blanco sin otro adorno que tus esfuerzos por apretarlo de a pocos; tú tan escondida y yo tan salidor.

Mi trabajo desde ese momento es mentir, decir verdades a medias, enamorar el alfabeto y endulzar oídos de quien espera algo más, dejarme caer entre sus sueños y apalancar mentiras con sonrisas de colmo y opulencia. Hacer lo que quiero y subestimar lo que veo mientras me crea contento. No importa que no sea verdad, nos corromperemos de a gratis y seremos dos desconocidos mañana. Y me acordé de los tiempos cuando fuimos solo enamorados, veranos de lluvia en que nos escondíamos en la arboleda y bailábamos entre ladridos de perros jugando y sombras de farolas por apagarse.

Es para envidiar hacer espacio contigo, eres tan valiente que da miedo ver como te enfrenta al punto y aparte de cada tarde, tú, en la postura de horizonte cuando sales enjundiosa a retarme, me enseñas el sol en el horizonte sin siquiera levantarte y solo un gesto, te descuidas y de repente ya estoy entre tus brazos. Ya solo el verte me involucra a entrarle a los carajasos por gozarte en ese entusiasmo innato para jugársela por puro albur y sin saber apostar y ser el tercero en un dos, porque la vida es así y lo demás… es pintado.

Las cosas son como son, no como queremos que sean. Macarena, mera intuición que me envuelves en el fuego del destino con todas las ganancias que pudo aportar el juego gregario, que por cierto, con el tiempo se ha desangrado en pequeños fuegos que no llegan a infierno castrante del amor y su entrega exigida del último prejuicio que se perdió en tu bolso. ¡Brotaste, ocasión entre noches!


Y se queda agazapada Macarena, esperando que pase una presa. O quizás, yo solo aguardo ver pasar su sombra por delante, un sentimiento de adonde quiero ir sin permanecer, si no tiene caso, con el muerto que llevo dentro. Amarse en el sí, claro un si condicional, -Si no vienes te dejo amarrado a mi olvido-, de hacer o nacer, casi lo mismo pero en ti es de todos los días. Y el cariño contra el tiempo en una pelea por ella cuando el viento se lleva el nombre de tu seudónimo. Así, comparte el cercado con diferentes casas vencidas por el tiempo. Imprevisibles como el clima en la montaña de tu existencia.


Tener un alma gemela que se haga cómoda escogiendo batallas que ganar, pues no es fácil. Que sea tan enigmática como la vida y se deje llevar por el hoy, menos probable. Aquí está junto a mí, con la respiración, tirita entrecortada y dormitan sus sollozos. Afuera el agua aprieta y el viento duele, para puro cabecear y cantar al siguiente episodio y subsecuente hecho. Amanece, las campanas de la iglesia llaman a misa y quebrar utopías. Abro los ojos, y aun estás, más Macarena que nunca.
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