20091201

El campanero


¿Cómo que a qué me dedico? Pues a campanero, y no crean que estoy todo el día nomas ahí recargado en la torre de la iglesia o de sacristán

¿Qué hago? ¡Pues a darle aire a las campanas! a consentirlas como yo bien sé. Hay otros que nomas se dedican a aporrearlas y hasta las lastiman, siempre las oyes quejarse en sus repiques, no saben del oficio de sobar los bronces benditos. Hay que saber acariciarlas y darles más aire en el momento justo, cuando te lo están pidiendo para que se pongan a cantar de contento.

Véanlas nomas como se cuelgan para ajustarse a la fachada del campanario y nomas se quedan ahí todo el día hasta que se tiemplan con el solecito de en la tarde para, después, su llamar dulce en la noche a los rezos. Porque en la mañana tienen frío y nomas no suenan igual es como que tiemblan y no entonan. ¡A ver si un tañido de luto no tiene algo que te deja frío! y hasta te mueve el piso, y eso que no les ha tocado uno de dos horas de profundo desconsuelo, ¡eso es colgarse de la grande! Como cuando me llamaron a Puebla por lo del Papa, no en balde le pusieron la María, es la mamá de todas y acariciarla es irse a la gloria, la tocas y hasta sientes que brilla más el sol.

Yo nunca he tenido problemas, a mí nunca se me ha roto una campana y no me quedo dormido a la hora que toca. Ya es ganancia saber cuidarlas, saber balancearlas de a poquitos hasta que se echan a volar alegres y llenan la ciudad. A lo más, una vez se fue un badajo pero no descalabró a nadie. Cuando hace frío, no es tanto lo dulce que suenan y me pongo a tocarlas hasta entran en calor poco a poco mientras despiertan todos. En sus las vueltas, fácil me levantan hasta un par de metros con el impulso y sientes como el aire al pasar entre la torre te acaricia.

Y no se crean, no cualquiera sirve para doblar las campanas, que no es repicar. O para espantar los truenos sin desgraciar la torre, es todo un oficio tocarlas. Pero a mí lo que más me gusta es la carraca de semana santa, mientras enmudece a las matracas chiquitas de abajo, ahí si se necesita huevos para tronarla o en las fiestas cuando volteas completitas las campanas y se cimbra el campanario y por buen rato entre los cuetes y la música.

La peor tocada es la de arrebato, lo bueno es que hace mucho que no hay necesidad de echarla a volar, la última fue la del terremoto, primero solitas se echaron a volar y alguien dijo -déjenlas platicarse a gusto- pero después llamamos a toda la gente para ayudar ¡qué mal pedo!. Y ya hace mucho tiempo que no me toca oír a las caracolas respondiéndole a las campanas, ahí sí que se me ponía chinita la carne en las fiestas del pueblo, unos en la iglesia y los voladores en la plaza arriba del palo con su tristeza, que bien sé que eran ceremonias para llamar al nahual, desde la torre del campanario lo veía dar vueltas al pueblo en la noche, lo bueno es que yo estaba en bendito.

Pero no estoy por eso aquí guardado, cuando se echaron a volar las campanas para colgar a los rateros, yo ni estaba en el pueblo. Todo fue entre los rancheros y para cuando los azules preguntaron por el campanero, pues que me toca. Pero en serio señor licenciado que yo… ni vela en el entierro. Y dispense tanta plática, pero yo siempre tan solito en la torre, hora si me eche a volar, suelteme que tengo fiesta el viernes.
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