20091006

Su punto de vista


Usted me disculpará, pero ya estaba hasta atrás de fregarme la vida. Por eso es me dan tanta envidia las que sí tienen madre y de que ocuparse, pero yo, la verdad, ya estaba hasta atrás de aguantar fregaderas en el pueblo y aquí por lo menos sacas para los trapos y comer. En la cantina del pinche rancho, pos pura chinga limpiando guacareadas de borracho, puro agarrarte de su pendeja y tratarte de a puta y ni siquiera te pagaban. Y en la casa como que ya les andaba por librarse de esta pobre bruta... pero ni los culpo, pobre de mí gente, están bien jodidos, aquí como quiera tengo mí esquinita en el bar y esta bola de pedotes que son más mansos que los bueyes del rancho y algo de lana, pos como quiera te sueltan. El ya no tener que andar chingándole en la banqueta está de gane, te libras de la pinche tira que nomás te esté jodiendo cada vez que te agarran taloneando en la banqueta.

Claro que me acuerdo de antes, apoco crees que estoy aquí por el pinche gusto, hay muchas que están aquí por cuscas, pero yo la verdá, ya casi ni le encuentro chiste a coger con esta bola de acomplejados que nomás se te vienen con que les veas su pinche pájaro desinflado, ven una chava… y pa´ luego es tarde, ¡ahí te están jodiendo! Otros que ni queriendo se te olvidan, tienen su no se qué chingaos que te prende y no tanto coger; como que los quieres patí solita, para tenerlos de padrotes y consentirlos en tu cantón. O, también, los pendejos que creen que pueden, nomás como que haces que te les pones… y se las puñetéas con la mano, bien pendejos, ni cuenta se dan los tarados de lo pedos que están. Bueno, esos como quiera traen lana y ganas de acabársela.

Pero a este canijo, desde que le eché el ojo, sentadito abajo del anuncio de la chelas, prende y apaga todo tiempo, me gustó como para siempre, recién bañadito y oliendo a Camay, como que no era tan pendejo como los demás. Hasta se me hacía buena onda el chambeador ese, yo pos ya me estaba animando a que me diera una hojalateadita porque esa es su chamba. Pero que va a andar buscando ese cabrón, si no más me ve y lueguito se pone a temblar como pajarito mojado, ahí lo ves sentadito que sus ojitos que se le ponen en blanco y le faltan huevos pa´ acercarse y tirarme la neta; pos allá él, el muy pendejo.

Y el otro día, pus como que ya se me querían armar los besos y mejor me abrí, no fuera a ser que se me culeara de a de veras pa´ después rajarse a la hora de la hora. Que se vaya a la verga y órale pinches putos, a ver quien sigue, que mal pedo ni modo de entrarle a todo morocho o de patearle el culo al que sigue. ¿Usté qué haría? Yo ya me aburrí de buscarme en los espejos de la barra cuando no viene nadie.

Ese, es de los cabrones que me ven cara de su mamá, nomás les gusta que los veas bonito y los apapaches sabroso y a la hora de la hora se les frunce tirarte la neta. Lástima de cabrón desaprovechado y eso sí me cala… yo pos, por el puro gusto me lo jalaba, pero no se deja, está re clavado en su chamba o a la mejor tiene otra torta por ahí y nomás se acuerda de mi cuando me tiene delante. No sé qué tarugadas, mejor le corté las alas no fuera a ser que me terminara de encular todititita, y si así ya estoy hasta la madre, enculada me va a llevar la chingada lueguito.

Tanto rezar y creo que no se me cumplió amarrarme un buen pelado, la virgencita me cae que me trae de encargo. Voy a ahorrarle y salirme de aquí, quedan muchas maneras de estar triste y ¡Puta madre!... Pa´ la próxima mejor me agarro un pinche chavito, aunque todavía este medio verde, paque me saque de chambear, porque de cabrones, y pendejos… ¡Ya estoy hasta la madre! O no Manuelito ¿usté como la ve?




El Chambas


Cuando en las tardes salgo de trabajar, ya ni puedo descansar… este canijo oficio en que ando ahora de hojalatero, es bien acabador. Es que en verdad, paque no más que la verda, soy bueno y me gusta pero necesito fregarme de a madres para que después de meterle la mano a carro tras carro… y sacar todita la chamba para nomas terminarla y verme un rato adentro, en mí pinche angustia, esta soledad cagante en la que estoy, cerrar el taller cuando siento que ya estoy a punto de mandar todo a pilfor, para irme de solapa a la casa. Y esto todos días, con problemas que quizá tanto carro fregado, quizás la ausencia de un cariño que traigo conmigo, arrastrándola atrasito mío y pos no agarro consuelo. Y así nomás, ¡que carajos! un buen baño y salir a caminar un rato. Sin ningún rumbo, solo dar la vuelta para dejar este cansancio que me llega hasta adentro y, nomás por el pinche gusto que me llevaba a abandonarme en esa pose que ya me traía frito, sin poder enfrentar la vida; el control de mi pinche vida era nadita.

Hasta que un día, caminando, pase enfrente a ese lugar; que chingaos las luces de neón y pos padentro, su música norteña de jale con buen ambiente. Y ahí la vi, arrinconadita y casi como por casualidad en la esquina de ese barcito de mala muerte, que lo único que tenía de especial era la cercanía con el taller. Y que carajos, a esta cabrona que ahí estaba en el fondo, casi sin verse, tan chiquita, ella, con ese sentado como de chamaca miedosa, su cara lavada sin maquillaje. O serían simplemente sus ojos tristes, tan bonitos… esa vez pensé que no lo era… Pero si… ¡Claro huila, que otra cosa podía ser la palomita!

Y así empezó todo para esperar que llegara la noche del fin de semana y buscarla en el mismo lugar, para la misma rutina, siempre la misma esquinita, para llevarla al mismo tocadero, al fajecín primero y después a ponerle en el cuarto. A veces, cuando no me la encontraba, me atarantaba con la copa y ponía la mirada perdida en el fondo del salón oyendo la música, como distraído, pero ¡Qué carajos! Buscándola. Hasta que se me pasó eso… ya no me sentía capaz de ver por mí mismo, cuando llegaba al desate que representaba el putero en mí vida y a lo mismo, a darle… -Vengase mi palomita, tóqueme, abráseme…- y así empezó la rutina en que el olvido se mezcló sin sentirlo con mis problemas, arrinconándome por un momento en ella, siempre en ella, sólo en ella… como fatalidad en mis pinches noches de huevón.

Casi lo máximo, casi los malos agüeros en los fines de semana a huevo. Y siempre sus ojos como queriéndome decir algo, una historia de chinga y olvido, un cuento de fantasías calientes de las que guardas bien adentro o solamente alguna pendejada de a tiro pa distraerme… Pero siempre me envolvía mientras dilatábamos el camino a la almohada, pos un fajecito y un contacto frío y casi sin sentido, echármela me tenía embrujado cada fin de semana en que la esperaba y sólo era por verme en sus ojos, siempre sus ojos… abandonarme a mí mismo, olvidarme para después, caminar a casa a esperar el día, para verme vacío de regreso en mí cuarto, yo… pequeño y descobijado ahí nomás tirándole la onda, extrañándola. Cuanta energía quemada en ella, cuantos momentos perdidos a lo puro pendejo en la basura.

Y así otra vez, cada fin de semana, daban las cinco de la tarde y me ofuscaba después de chingarle para regresar al ritual de siempre, a tratar de hablarle al oído y arrinconarla en mis brazos para sentirla cerquita… Más de una vez yo fui el atorado entre sus brazos y era ese recuerdo el que me hacía regresar para volver a sentirme bien chingón y querido entre sus brazos. Y ahí me tenía hecho un pendejo, viéndole su pelo negro, sus ojos. Mientras ella me ve de reojo, llevando a sus últimas consecuencias su pinche orgullo, sus piernas largas tan bonitas. Tan dobladas como tijeras sobre sí mismas mientras se sentaba bien jodida, esperando quién, esperando… Tardes y tardes esperando… Yo, ahí, sólo para disfrutar ese rato de estar tendidos en la cama y mirándole su pelo negro.

Mientras ella, extendida y lista ya lo sabía, no era tonta. Más de una vez había hecho sentir ese enamoramiento de otro pedo a hombres más viejos que su tarugo y sentía que podía agarrar la onda, ese sentirse dueña del guiñapo que se acercaba miedoso a buscar su cariño, tanto que no era ya siquiera me importaba el sexo o fingir por momentos, para amarrarme a mí, en quien basaba su cara bonita, sujetarme en ese momento como si fuera el único y buscar seguridad en el placer que le producía saber que a fin de cuentas me necesitaba y así, crecidita, me esperaba el sábado; pero como que se aguantaba las ganas de decírmelo.

Pero cuando yo llegaba, esa sensación de lugar seguro, de dejarme arropar y disfrutar por un rato… hasta que sucedió… ese día, estaba de malas y con prisas, el palito tan sin chiste, ¡Y yo tanto que lo había esperado!, se vio reducido a un sexo breve y con miradas a los costados en que nomás no entendí que pasó, al salir del cuarto ese gesto displicente con que me despidió, y su maldito orgullo, ya ni la friega. Salimos separados, me dejó sacar la jeta primero, después ella pavoneándose entró al salón, buscó entre la gente y luciéndose se colgó a los hombros del primer tarado que pasó, ¡Que huevos del cabrón! Bien que supo aprovechar su desplante para besarla en la boca, territorio siempre vedado para mí, y pues ¡ahí me prendí! Con eso empezó esa punzada, como un borbollón de sangre tratando de salir de mí coco, calor, pero antes… un momento de luz, la luz prende y apaga de los anuncios de cerveza… y el dolor de cabeza, el ruido de la rocola después…

En ese momento lo comprendí, así es como trabajaba ella mi amor. Ahora lo había visto claramente, esa confusión aparente en que se escondía no tenía razón de ser más, ya me había mostrado la salida, puras mañas y el camino era más que corto, un adiós seco y rotundo, me aguanté las ganas de rajarle su cara para irme mentando madres. A puros jalones y yo; bien jodido en medio; las visitas, desde ese día, entre esperas y pocas ganas, perdieron razón de ser, se diluyeron como mis ganas. Era como pasar de un estado de ánimo a otro… de repente y sin sentirlo el tiro de gracia… derechito al buey. El día siguiente amaneció de poca madre, en el camino al taller me acordé de la noche anterior, prendí el radio, comencé a tararear una canción y me dejé llevar. Al fin que era domingo y mejor me fui al fut-bol con los cuates, unas cuantas chelas, y me desprendí de ella, de los problemas, del taller, ya ni me preocupé ¡Qué chingaos!

El fin de semana siguiente doblé las manitas, fui a verla para hecharme unas cervezas lentamente y hasta las saboreé, puse mí cara de maricón y nomás me quedé viéndola mientras me echaba un cigarrito y como que vi que hasta la podía esperar, pero disfrutando del rollo que se aguado. Hasta que no quedó nada, veía pa´ atrás y no encontraba nada.

Sabía que ella actuaba, puro cuento, y nunca supe en qué momento sus escenas perdieron verdad y se convirtieron en mala leche. Por ratos la extrañaba y alguna vez… claro que hasta la busqué, pero esto era de ida y vuelta, de dar y recibir y ¡ya ni modo!, y que no te las pongan porque pa´ luego es tarde les llegas…

Me extrañé el primer fin de semana sin buscarla y hasta como qué descansé de sus caricias, el segundo me sentí sin que hacer y el tercero, la verdad, ya ni me acordé de mí rencor. A veces, como que la echaba de menos y me empezaba solito a contar historias de cómo la extrañaba y lo buena que era conmigo. Pero no, nunca fue lo mismo, ni modo de andar ladrando mi muina en cada esquina. Alguna vez, pasadito el tiempo, me atreví a pararme afuera de la cantina, ella, cuando le pitaron pos salió a buscarme… su mirada ya era otra, y mí parado pos también cambió. Ya nomás no me dio jale, de plano ni entré, la salude de lejitos, no fuera a ser… otra vez me dijeron que la vieron en la esquina del taller. La muy canija ahí estaba ¡Mejor ni me asomé! No fuera a ser.

Siempre sentí raro como me movía el tapete, y yo como queriéndola a ratos. Otras veces entre amante y su tarugo… y si, esto curó mí herida, sanó mí mente o refresco memorias, ya es gane ¡Qué le va uno a hacer don Manuel!… ¡Hay que chingarle!




La fórmula del éxito


El anuncio de neón de la Superior ya me trae mareado compadre, cada vez que volteo me da en la jeta la luz con su prende y apaga. Es que estar aquí me gusta, pero un día de estos lo voy a apagar de un botellazo, lo bueno es que no hay que dar explicaciones a nadie, los cuates de la cervecería ya ni pelan y ya la gente cambió de marca por las nuevas. Aquí todos entran a cambiar de marca y de piel a ver a quien apantallan, los más chambeadores son los que se sientan solitos al fondo del salón y ni pelan, ahí se quedan tranquilitos entrándole a la cubeta de las chelas frías y ni botana piden. Los más hocicones a la barra con tequilas dobles y a alardear de lo que no pueden. Se levantan dan un paso y patras, son a los que hay que correr temprano antes de que encuentren bronca pues de acambaro salen bien pachecos después de la tercera. Cuando me acuerdo, ya es jueves, ahora los jueves ya hay movimiento, antes hasta el pinche viernes llegaba la gente, se ve que la cosa ahora está bien. Las chavas ya se animan a entrar y hasta dejan sus miserias afuera para buscar adentro un pendejo que las empede, les vale madre que todavía estudien o tener un carnudo en casa, lo que quieren es divertirse un ratón a cuenta de otro, entran caminando despacito como quien no quiere la cosa, pero bien que van aventando las pantaletas al que se deje y les vale madres las de fijo que tengo taloneando aquí. Antes ni a madres asomaban la jeta por aquí, ahora están muy liberadas. Ya los buenos tiempos de las pedas hasta las cinco de la mañana se acabaron, ¿Te acuerdas compadrito? ahora con la inseguridad en las calles, les cae la chota y ya se fregaron. Hay veces que deatiro hasta yo me quedo a dormir aquí mejor, le saco a andar solo a esas horas. Y ya van tres veces que me estaban esperando los azules pa´ chingarme su mordida “Por la vigilancia”. Antes era la chorcha parejo, ahora, si quieren platicarte te piden fuego y se quedan esperando que los veas de frente para platicarte un rato, puras pendejadas. A veces creo que ni les gusta el chupe, nomás vienen a que los oigas platicar sus chingaderas. Entre fornidos y mal encarados se dejan caer en las mesas del fondo, pero hay algunos diferentes, ni siquiera son de los de a diario, se ve que vienen a ver a alguna de las de aquí y como que se ve que anda bien enculados pero al final se rajan y ya nomás se quedan prendidos de la copa. Chiras pelas y se dejan caer de vez en cuando con la galana nomás pa´ que les quiten la marmaja del sobre de raya, pero pos ellas también tienen su corazoncito y terminan dándolas de a gratis con uno que ni pela en la cantina. Agüevo, puros maricones que van a terminar de sidrales por mierdas, no gastan ni en el condón, siempre con una torta que ni los pela, pero sienten que ya la hicieron cuando dejan un pedazo de su rollo con ellas, -Espero volver a verte- Y ahí se quedan babeando mientras se reponen y regresan a la semana siguiente, nomás juntan algo de lana. E igual que llegan a su casa con cara de mustios pa´ decir que se les pasó la mano y quieren que los entiendan, que no mamen punta de gueyes. Mira este cabrón ya está pedo y así, para necio me gana y con que hay te va la ñonga creen que se la quitan, que bien joden llegan a sus casas en safe y sin lana y todavía se ponen bien pendejos con que quieren sus chilaquiles bien picosos para la cruda. Mira, échale un ojo a esa canija, la pobrecita ya tiene como tres años aquí y ni un resfriado pesca, es de las buena onda, pero algo tiene que no se le lanzan ni a madres, ya van dos o tres veces que regresa del cuarto y nomás veo como se le salen las de cocodrilo y hace su escenita, mientras su galán… ni en cuenta el muy pendejo. La neta es que no la hace, pobrecita, es de las que me caen bien y no son trompudas. Ahora ya hasta me dan ganas de hacer este burdel un antro o un table, es lo que está de moda, pero si no aguanto la luz del pinche anuncio de las chelas, menos el ruido y las luces de una disco. Pero nomás de pensar en tener que contratar guaruras pos me rajo, y si así llego al cantón oliendo a madres, con todo cerrado y obscuro, pos me niego. Pinche compadre, son chingaderas, aquí me planto, mejor me quedo con mis clientes de siempre. ¡Órale compadre! platíqueme algo porque ya me duele la garganta, yo soy el que siempre escucha y ahora me agarraste platicador. Échate otra Manuel, yo invito.
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