20090128

Consta un primer amor sobrevalorado e ingenuo que en cada recuerdo ve pinceladas de algo que ya pasó, que no quiere que le cuenten el final porque se acabaría la trama de la historia y se convertiría en un cuento. Una fábula en el que me imagino soterrado viendo nacer el sol, como brújula para los que quedan atrás, un brazo apuntando al frio y otro al calor. Yacer como esperando dormido el sol de la mañana mientras la madera alrededor, como casa, como alberge temporal. El olor del cuerpo –Que ya no es mío- que se parece al de la tierra conforme pasa el tiempo y su amante paso se desvanece en lo que el yo me asalta dejándose caer sobre lo que puede y debe, ni más ni menos. Al final no hay que arreglarse para ir a ningún lado estando contagiado de este sueño que me tiene viendo estrellas y esperando centellas desde el mundo de los objetos. Si algo existió, aun persiste en algún lado, en recuerdos y memorias, en tiempo que pasa e instantes que se detienen entre los estragos que dejan acciones remotas que aún perduran. Los viejos recuerdos nunca mueren, parecen agonizar y ahí están en sus estertores eternos. Ahí donde se juntaron la soledad y mis ganas de estar solo y exánime, cuando me declaro un cadáver que goza de cabal salud, una y otra vez, siempre el mismo, siempre diferente y único. Todo está escrito ya y ningún cuento se ha cerrado. 

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