20150113

Trascender

Hoy amanece y soy otro, ya no existo el mismo, ni nada es igual para el que era antes. Tengo la barba crecida y la memoria olvidada, me siento sucio y mis memorias no las encuentro donde me acuerdo. Mis recuerdos son otros y nuevos, ellos me eligen por ratos y solo intuyo que a mí me tocó ser escogido porque lancé la suerte y me toca estar en su reflejo. Y sé que si me quedo en mi retrato, esto será igual ¿O no?
Después de tanto tiempo me encuentro con mí mismo, me veo al espejo y me admiro de aun ser el dueño de su imagen. La capturo y la guardo en esta cajita de madera de cedro que tiene una pequeña llave y un espejo en su tapa, la cierro firmemente para que al cerrarla no escape. El olor de la madera se confunde con su éter.
Estoy por entender al fin mis motivos, para dejarme llevar por sus reflejos, y abandonarme a caer sobre las olas de sus caderas y la envidia de sus pechos. Y mientras, voy a culpar a mis miedos de la luz y a cegarme en sus ojos, cambiaré mi espejo por una ventana al horizonte que existe entre sus ojos.

Pero ahora, sin dormir y alterado, aprieto su frente contra la cajita, la siento húmeda de niebla y sopor, huele a su ser. Me dejo llevar por su mirada; que ahora es mía. ¡Nunca la debí dejar! ¡Ahora soy ella!

20150110

Seguro ella no lo sabe, no tiene por qué estar consciente del por qué la busco. Yo sé que tiene que haber una química entre ambos y para mí, Verónica, sigue siendo como como higiene mental más que cura. Medicina en la que de tanto en tanto busco estar con ella, en ella como remedio a no sé qué.
Sí, ya sé que es enigmática, que se deja llevar por improntas de momento en que a veces hasta hiere y ofende, pero también sé que en el fondo me tiene y cuento con ella. De repente, otra vez, empezamos silvestres y alegres, como si yaciéramos nuevos y todo es primavera hasta que llega la tormenta entre sus pechos y más abajo, tempestad de verano que pasa con la tarde.

¿Cómo poder saborear la excepción magistral que representa buscarla? ¿Cómo regresar al infierno después del paraíso? Pues… Tocando la empatía que en el fondo nos une. Llego y me dice que me ama, pero solo confundimos el sexo con el amor, el sexo es real, si existe, el amor es solo una quimera entre sus brazos.  Y yo, solo soy el rehén de sus besos y mis desvaríos.

20141229

Encuentro


Ya me voy camino al rancho y manque pierda, ¡aquí estoy porque tengo mucha estrella! Y sigo caminando entre los cipreses, cada vez más altos, siempre tan salidores. Y llego hasta donde se acaban y empiezas, para encontrarte y sin saber si encomenzamos o terminamos. Mis manos, ateridas del susto (o sería sorpresa), se descubren en el camino entre los pliegues de tu rebozo para dejarse caer entre las luces que deja pasar el reflejo del sol entre tu pelo, tan suelto, tan brillante. Todo para recibir una sola orden, -Vuélvete- y el vacío… la nada, la nulidad se apoderan de mí, están en mi piel. Y me estremezco, los ruidos adivinan algo que cae levemente, se desprende tu aroma. Y adivino mi suerte que sabe hacia dónde arranca tu esencia que se abre en dos. Después un murmullo para acuchillar el tiempo y terminar de partirte, desgajo el silencio de mi asiduidad contigo y yazgo las hojas que están sobre la tierra. Para ser feliz, embriagarme de mí mismo, de tu tranquilidad.

20141227

Y si no ahora ¿Para cuándo?

Firma lo que te digo;
-Tuya, para lo que haga falta-
Y sobro en que faltar a tu invitación. Lo dices y el frío se dejó venir en mi cuerpo con un sopor que cala y nos transborda a las sábanas. Macarena, eres tentadora, todo es para hoy y nada para dejar huella, ni sembrar y menos permanecer. Así es estar, encontrarte en lo malo que puede pasar, es solo dejar pasar hoy para esperar mañana en ese dormir inquieto y despertar dudado y con el miedo de que aun estés aquí.

Me pides permiso para desvestirte y se desvistes, con la lluvia que más tarde se esconde entre dos brazos, se disimulaba tu talle en una almohada a media pierna, descanso blanco sin otro adorno que tus esfuerzos por apretarlo de a pocos; tú tan escondida y yo tan salidor.

Mi trabajo desde ese momento es mentir, decir verdades a medias, enamorar el alfabeto y endulzar oídos de quien espera algo más, dejarme caer entre sus sueños y apalancar mentiras con sonrisas de colmo y opulencia. Hacer lo que quiero y subestimar lo que veo mientras me crea contento. No importa que no sea verdad, nos corromperemos de a gratis y seremos dos desconocidos mañana. Y me acordé de los tiempos cuando fuimos solo enamorados, veranos de lluvia en que nos escondíamos en la arboleda y bailábamos entre ladridos de perros jugando y sombras de farolas por apagarse.

Es para envidiar hacer espacio contigo, eres tan valiente que da miedo ver como te enfrenta al punto y aparte de cada tarde, tú, en la postura de horizonte cuando sales enjundiosa a retarme, me enseñas el sol en el horizonte sin siquiera levantarte y solo un gesto, te descuidas y de repente ya estoy entre tus brazos. Ya solo el verte me involucra a entrarle a los carajasos por gozarte en ese entusiasmo innato para jugársela por puro albur y sin saber apostar y ser el tercero en un dos, porque la vida es así y lo demás… es pintado.

Las cosas son como son, no como queremos que sean. Macarena, mera intuición que me envuelves en el fuego del destino con todas las ganancias que pudo aportar el juego gregario, que por cierto, con el tiempo se ha desangrado en pequeños fuegos que no llegan a infierno castrante del amor y su entrega exigida del último prejuicio que se perdió en tu bolso. ¡Brotaste, ocasión entre noches!


Y se queda agazapada Macarena, esperando que pase una presa. O quizás, yo solo aguardo ver pasar su sombra por delante, un sentimiento de adonde quiero ir sin permanecer, si no tiene caso, con el muerto que llevo dentro. Amarse en el sí, claro un si condicional, -Si no vienes te dejo amarrado a mi olvido-, de hacer o nacer, casi lo mismo pero en ti es de todos los días. Y el cariño contra el tiempo en una pelea por ella cuando el viento se lleva el nombre de tu seudónimo. Así, comparte el cercado con diferentes casas vencidas por el tiempo. Imprevisibles como el clima en la montaña de tu existencia.


Tener un alma gemela que se haga cómoda escogiendo batallas que ganar, pues no es fácil. Que sea tan enigmática como la vida y se deje llevar por el hoy, menos probable. Aquí está junto a mí, con la respiración, tirita entrecortada y dormitan sus sollozos. Afuera el agua aprieta y el viento duele, para puro cabecear y cantar al siguiente episodio y subsecuente hecho. Amanece, las campanas de la iglesia llaman a misa y quebrar utopías. Abro los ojos, y aun estás, más Macarena que nunca.

20141101

Día de muertos

La panadería está esquinada en la última calle del pueblo, es una antigua capilla de piedra que cambio de uso y se quedó en la soledad de la filo del pueblo. Se pierde en las afueras del lugar, ahí por la salida de la barranca y antes de los campos de cempasúchil de junto al panteón. En las mañanas, el humo de su chimenea se escurre entre la arboleda que va rumbo a la parroquia y se impregna entre la neblina de madrugada con el aroma de las flores.
El tahonero abre la puerta para verificar que la temperatura del horno de leña sea la exacta para dorar el pan. Sus ojos de desvelado están enrojecidos, se lame los labios para quitarse el sudor, tiene una sensación en la lengua entre salada y acre. Está en su punto el calor y se apresura a mezclar las harinas y el agua.
Aún después de haber terminado el amasado, sus uñas todavía muestran restos de tierra y le duelen. Checa de nuevo el horno para ver que los últimos restos estén bien quemados, y que no impregnen su pan con el olor a carne.
Ya el último rescoldo del fuego se está apagando, es hora de poner la tanda de pan a hornear y aprovechar todo el calor. Al centro del horno, está un pan diferente, lo forma como un muñeco y lo trata de hacer sonreír.
-Este si es el verdadero pan de muertos, ¡Excelente pan de muerto!-
Se dice.
-¡En la mejor de sus acepciones!-
Se contesta a sí mismo.


20140717

Vedado, es de nuevo el moto.

Vedado, es de nuevo el moto.

De repente, ella siempre tan cauta, tan tímida, tan lejana y ajena se dejó llevar por una voz interna que le exigió despertar al mundo entero. Saber que tanta dulzura podía ser mundana y tan distinta de lo que se esperaba de ella: “Quiero ser” Ahora yo también me acuerdo de como quería ser, pero solo era un frenético y delirante fantasma en casi todo.
Le perdí la pista hace muchos años, a propósito la buscaba donde sabía no estaba, así encontré las ganas de extrañarla, porque era tan complicado tenerla, que preferí solo extrañarla. Desde aquella ocasión en que me llevó a enseñarme el mar, a tomar el sol bajo un pelo y disfrutar la lluvia sin techo, todo transcurrió, solo pasó. Los delirios que me acompañaban en esas ocasiones, sin prisa, me llevan a donde nadie espera. Es más, creo que nunca fue, todo lo soñé y ni siquiera estuvo cerca. Pensé que así la tranquilidad regresaría a mi vida y que extrañarla ya era poseerla lo suficiente. Y de cuando en cuando, visitarla era como meterle un traspié a la tarde, encontrar mentiras cazadas con medias verdades para justificarla. Era como ver como se quedaba obscureciendo la tarde de a pocos y trastabillando. Sintiendo esa sensación de temblor y cosas desacomodadas que se escurre en las paredes de su casa, todo en un perfecto desorden que se trata de evadir por las ventanas al horizonte infinito y este, no se deja, permanece verde y esplendido sin apenas enterarse que es completamente intemporal e inocuo.
Y todo al final centrado en su escote, en esa profunda cañada que abre miradas y fija atenciones. Y en su casa tan azul, tan pintada de cielo, con el árbol del centro del patio que deja entrar la última luz de costado a su puerta siempre abierta, como para robarle un poco de espacio a sus tinieblas y sacar un rato las sombras del abandono descuidado que tanto se esmera en permanecer. Y lo entrometido es que esa obscuridad piensa que la protege, que la encostra y oculta de las atenciones de los demás, entre los que me incluye sin excluirme del todo, solo soy un rato más, solamente un espacio que llenar.
-Te espero dentro- Entro en la ridícula idea de que solo sea una vez, y yazca la última. Oigo su voz que me llama como canto adormecedor, un susurro entre reclamo y llanto, recorro el pasillo con la mirada buscando dejarme caer en algo que vea al verde del horizonte. Me descalabro tratando de pensar como ella, me oculto del sol tras la columna que sostiene el portal. Y ahí está, cuidadosamente escampada y sobre una toalla que no quiere abrazarla, y recostada en el marco de la ventana como para impedir que la obscuridad se escape del pasado, como consagrando la felicidad.
Quizás antes vivíamos para un mundo que sabíamos estable y seguro, ahora es una feria de emociones y cosas nuevas. Y claro, no lo sabíamos, este ser se desmoronaba.  Era tan metódica y brava que parecía que esta era su última resurrección.
Ahora ya no hay remedio, ¡Hay que vivir el momento! Enamorémonos y seamos felices- Se lo suelto de sopetón y ella se queda impávida, sabe que yo no quiero que abandone su espléndida lasitud, solo quiero que me integre a ella. Quedarme en ese abandono en que nada transcurre ni envejece, solo se repite en un transcurrir de tardes soleadas y lluviosas, enjambres de moscos y pequeños colibríes que los acaban.
Empezar de la nada y sin querer decir algo, deslizarse en la noche sin ir a ningún lado, mientras, la vida se concreta en solo una tarde sin nada que hacer para dormir en la parte final del sueño. Dejarse llevar sin causa que justificar, arrimarse a la orilla sin querer avanzar.


Yace mojada,
paz, entre inclemencias

de madrugada 

20140421

Sincronía

Sincronía

Mientras se levantaba, cuando ya había amanecido, se dedicó Teresa a repasar lo largo de la noche y turbio del descanso, tomó las sabanas para descubrir su cuerpo, se sentía apaleada y sucia. Tras solo estirarlas sobre la cama, corrió las cortinas. Se asomó para ver un día lluvioso pero solo abrió un par de centímetros la ventana, fue suficiente para llenar sus pulmones de un aire pesado, casi líquido que se impregnó en su rostro y la hizo suspirar. Se sintió sucia y pegajosa -¡Sé lo que va a suceder!- se dijo a sí misma, presintiendo su destino en un estado de ánimo. Y ya, se acercó al baño con la única certeza es que quería limpiarse, dejar que el agua tibia la escurriera para poder perdonar la vanidad del espejo, como un escape que pretendía se chorreara por el sumidero de la bañera y no volverlo a sentir encima, que se fuera lejos. Dejó pasar el agua sobre su cuerpo hasta que el agua le aburrió.

-Ahora vuelvo- se dijo a si misma al cerrar la puerta, y se llevó su ausencia a vagar en libertad sin tener en mente más que un café negro, lo imaginaba espeso, caliente y doble. Y ahora, ella, solo sueña que la nube viene para entender que pasa, mientras se deja caer sobre el  marco de la ventana y ve el horizonte como divulgando sus pesares a la lejanía. Como para no inspirar lástima, ni pedir piedad y cuando se descubre bostezando entiende que ya le aburre esperar, en ese momento un reyo cimbra la casa y alumbra el interior del cuarto con un gran fulgor. Se voltea y decide ser ella sin dejar que los demás sean ellos, y se descubre con los ojos húmedos, no es común en ella llorar. Tiende de nuevo las sábanas sobre la cama y esta vez decide que la cabecera puede estar del otro lado, quizás la orientación hacia el poniente no le favorece y lo que necesita es sentir como el sol avanza sobre su cuerpo en las mañanas para cargarse de energía.
Fatal aburrimiento de la inmensa rutina que a diario se deja caer sobre ella, sin poder evitarlo se desgaja en ramas pares, una florida para ella y una seca para avivar el fuego ausente, el desgaste de esperar que coincidieran en vez de hacer su vida, sin coincidir no hay remedio para la rutina en que espera. Pero sabe que se hundirá con el peso de dos, que unido, que digo coincididos, pesan más en el “ha habido”, muchas veces que coincidiendo, no se ven, pero reniega de su adicción a esperar, a no ser ella misma y estar cierta de ello y  anónima ser ella sin dejar de ver la ventana. Ella es la víctima de un infierno que sola hizo a su medida, dentro de la imaginación que le agobia la soledad en que presume solo estar de paso.
Sale y avanza con paso firme y solo se detiene cuando siente que alguien le llama, -Señora, ¡una limosna por piedad! – y solo le confirma lo que ya sabía, hoy es un nuevo día y ella camina en un trance extático y sin hacia dónde ir. Ya sabe qué olvidar, solo le falta saber con quién relegar el recuerdo de la mujer celeste que nunca fue y entender el ¿por qué? los jóvenes difuntos están aún vivos y buscan su compañía, no somos nuestros, pertenecemos al pasado.

Paces y luces, hasta que el sol de hoy se deslumbre, que los recuerdos se cuenten y se vuelvan memoria, ¡eso fue lo que paso! Una tormenta enorme dejó unos aguaceros que inundaron todo, incluidos tus recuerdos, las gotas de agua que presumías que eran lágrimas cuando me las regalaste y el pañuelo con sangre que probaba que no había pasado nada y podía dormir tranquilo. El mechón de pelo que la hechicera había rechazado por suavecito y demasiado tierno para su magia, las trazas de tinta en la hoja borrosa que se había llevado el viento y correteaste por todo el pueblo para terminar en la fuente del pueblo, entre los dos enormes pinos que se dejaban caer con su sombra de primera cita, reunión de provincianos que después nos lleva a las rocas inmensas que se esconden en el camino del arroyo, ese que alimenta agua fresca al caserío. Misma agua insolente que aliviaba mi sed y calmaba mis calenturas cuando me desprendía de la ropa, llegando al castillo que protegía mis sueños, sueños que se convertían en aventuras de seres sin peso que flotaban entre los dos mientras tratábamos de conciliar ilusiones con conciencias. Reproches que de tan juntos se unen en quimeras, en desafíos que la moral no entiende. Se desprende de plañidos y llantos eternos que solo se dan a las doce de la noche, antes de amanecer y cuando aún hace calor. Desperté para disfrazarme de lugareño e ir a buscar el famoso lugar junto al mercado donde las iguanas se comían y las víboras se volvían tacos para la limpiar la conciencia para los borrachos de la noche anterior, que necesitaban curarse para poder ir a buscar aves que vender en el mercado de la capital el fin de semana y presumirles como obra de arte de la naturaleza, que son como el ardor, te tiene que hacer sufrir para ser auténtico amor, y hay que describirlo meticulosamente antes de que se deje caer la noche y el agua fría se lleve la emoción. Soñaba que no era posible y despertaba, ansioso y húmedo, no puedes hacer nada, solo desesperarte y consolarte pensando que al menos hay apego en el fondo, sofocado por el calor, pero apego. Afecto, como el que le tiene a la sombra de la enorme palmera que deja caer sus frutos, cuando ya ni las urracas los quieren mientras las guayabas apestan de tan perfumadas y solo puedes tomar un par. Las tomaba y su olor me volvía loco y me dedicaba a repetir tu nombre, Teresa.

Yace mojada,
serena, entre lluvias

la madrugada 

20140402

El sueño

Nada. Qué digo del hálito humilde de la noche, tan lleno de despropósitos delirantes y absurdos. Que mueran los delirios entre gritos de fastidio, que baje la calor de tus ensueños para ser congoja y desliz entre sabanas arrugadas. Acostúmbralos a ceder y a acompañarte hasta el fin de la almohada y regresar a su central limbo, que dejen de ser ensueños y terminen en contextos subjetivos. Intrínsecas maneras de evadir la luz del sol abajo del lino y la seda para no descansar. Suelta un grito sin sentido desgarrado de ausencias que solo sea vaho que empañe el espejo mañana, para no verte. Ahora ya lo sabes, bufa y déjate llevar encabronada, olvida el espejo y despéinate. Acuéstate de nuevo y sueña que no es cierto. No lo repitas porque será realidad en un escenario elevado y dejará de ser pesadilla. Vuélvete a dormir y resígnate a arrebatarme, sosegada y entre noches.

20140328

Nada es igual cuando llovizna

Nada es igual cuando llovizna


El mar abordaba espumoso la última calle del puerto, y se volvía un estado de ánimo que después de las tres de la tarde se vuelca desde siempre, lánguido, lluvioso para al atardecer explotar en furia. Recordando que el tiempo transcurre, para ver que te acercabas en silencio, para ver como de tranquilo solo tenía la facha, y lo veías embravecer y retarte. Te retaba como diciendo que nada sería igual si no te acercabas a probarlo, cada vez más cerca. Y al tiempo te extrañaba, como si te quisiera abrazar para hacerte daño en un manoseo escabroso. Como esa condena que te hacía evadirte al acercarte y, ya ni pensar en tentar sus olas de domingo en la tarde, tan ellas, tan audaces que se metían como espuma entre todas las ventanas y puertas del puerto mientras yo… me quedé en el lado equivocado de la costera para ir a tu encuentro, porque, aunque se bien que ya no existes, aun te espero.

20140315

Fluir con la existencia

Fluir con la existencia, para urgir la prosa que se está, estancada.

En esa casa había habido una pequeña reja que veía al jardín, era simbólica, de hierro fundido y alguna vez pintada de negro. La hierba crecía a su alrededor, se subía entre sus barrotes para dejarse caer del otro lado, la parte soleada. Ahí estaba yo con mis vaguedades cuando entonces oí el aletear del cenzontle, a las espaldas de la cerca, había entrado y no encontraba la salida, era tan solo una mujer escondida entre los setos que se dejaba caer como si tratara de volar y solo podía aletear sin sentido en el denso aire de tantas flores maduras que agolpaban perfumes, como dulces entre el jardín.
Ella solamente salía al jardín de cuando en cuando, de vez en vez, cuando se acababa la inspiración o quería fumar. Trazaba entre las flores los cuentos de princesas y dragones, que generalmente terminaban en desamores y brincos de página sin moción de orden por su parte. Esta vez trazó una aventura en que ella era la protagonista y el jardín el escenario. ¡Que susto se llevó el miedo! Dulcísima se dejó caer en sus pensamientos, después de la feria, todo es diferente por un año. -No eres tú, tampoco yo, todo cambia- y recordó su amor, el amor de su vida. Que aunque ella decía que era ella misma, yo sabía que era otro.

Tarareaba “Ya viene la cuaresma, ya vienen las panochas, que tan dulces y sabrosas se cuelan en mis pensamientos. ¡Ah! la llevas tan escondida, esa panochita mía” Nunca volteó, ni miró para arriba, y el cielo era el límite de sus cuarentaytantos años con cientosetenta centímetros que la hacían sobrevivir en la jungla del jardín trasero de su vida, este, tan completamente enmarañado de macetas sin uso, zarzas y rosales enormes de gruesos troncos, crecidos de tiempo eterno y que formaban los arcos floridos, entre los que era difícil pasas sin enzarzarse. Pensó para si misma, “Aún no llega la primavera, y yo… ya cambié”. Atrás, la ventana de la recamara, oculta por una enredadera que cada día se hace más negada al sol, y una sombra esperando.

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