20130612

Cuenta la tía Claudia que nos gustaba jugar a las escondidillas, saltábamos las rejas para ocultarnos donde nadie pudiera vernos y, se ríe recordando. Lo que ella no sabe es como siempre te buscaba donde ya sabías que te encontraría y, lo que inventábamos cuando nos quitábamos las ropas de domingo. Ahora, tampoco sé dónde saber buscarte, si atrás del jardín o en el hueco de la palma, tras las huellas húmedas del camino al río o en las sombras del patio trasero, y ni siquiera imagina los cuartos obscuros donde asustan y nunca nos soltamos las manos.
Antes te encontraba para tirarte a besos, comerte con caricias mientras te aprendía de memoria para colorear las tardes, o cuando cambiábamos de personaje mientras subíamos a la torre para ver la lejanía arqueada de nubes. Nacimos así de juntos, brotamos para ser felices y florecíamos los veranos. Ahora, ya sabes todos tus secretos y yo paseo por cuentos nuevos para platicarte, aunque solo los tires en manojos secos que se desviven entre el arroyo. Hoy me abrazas sin apretar, mientes con una frescura que enamora, con una certeza que apabulla y… me hace creer que aún somos niños.

Unirás tus dedos
Serán miles de hojas
Brotando sueños

20130611


Soy solo una imagen, camino tratando de parecer despreocupado, pasando inadvertido. Voy encontrando el viento frio que me corta la cara, vengo caminando en la acera equivocada y cruzo la calle al llegar a la esquina, no se para que lado voltear, los ruidos vienen de todos lados y me embotan. Sin darme cuenta ya estoy en él, ahí está, es un edificio enorme que impone, llego al hotel por la avenida cinco, doy vuelta y es él, tiene más de treinta pisos, es magno, la puerta tiene dos cristales inmensos que parecen flotar en el vestíbulo y entro. Pase lo que pase será perfecto, ahora estoy entre dos columnas altísimas que cualquiera pensaría soportan el edificio, pero no, solo adornan la entrada y le dan la sensación de inmensidad que buscó el arquitecto, camino y me siento observado, pero solo. Un par de sofás le dan simetría a la recepción y están ahí como un adorno porque nadie parece interesarse en sentarse para ser observado, todos creen tener prisa… menos yo. Las ventanas permanentemente cerradas y medio ocultas entre unas cortinas que se ven como pesado lastre para la luz que trata de abordar la entrada y no puede inundar el hall. Volteo la mirada siguiendo un taconeo, es una mujer maravillosa que se trata de cubrir el rostro con una mascada que parece flotar entre su pelo y unos ojos que sé que me observan, es magnífica y lo sabe, levanta las cejas al verme, casi imperceptiblemente, se acerca a la recepción y descuidadamente se pone a acariciar las flores del adorno al centro de mesa, veo que susurra algo inaudible al recepcionista y pone una cara de contrariada que no quiere ocultar, ahora ella tampoco parece tener prisa, “es una regular de estas situaciones” pienso para mis adentros. Con soltura se adelanta y toma posesión de un sillón al centro del vestíbulo. Veo como me observa y trato de disimular. Me gustan los hoteles que tienen personalidad y clase, ahí sientes como miles de historias se apilan dentro de él y tú quieres formar parte de un cuento al menos. Este no es el tradicional hotel con olor a café barato y una mesita de cortesía con vasos desechables, aquí hay historia melodrama, tradición y tiempo. Pero en fin, ya estoy dentro y no sé si lo que siento es devoción o fe. Es como si ya hubiera sucedido, ya se lo que hay delante y a lo que voy, hacer lo que quiero hacer y en ese momento ser feliz dentro de una burbuja en el tiempo.
En cierto mundo paralelo siempre tenemos un clon y en este acompañante paralelo, nuestro Doppelgänger, tenemos a la sombra que siempre nos acompaña. Estos son como formas luminosas que tienen su obscuridad en otra parte de nuestra otredad, un alma gemela que se atormente por saber que vamos a hacer o se despreocupe de lo que hizo. Espíritu que vagabundo no tiene más que mi cuerpo para asentarse o deshacerse como humo que en el infinito se dispersa como sudores añejos, es mi perfume, mi marca. Es difícil aceptarlo pero así es, algún lugar nos copia o lo imitamos y es una alteridad que se subleva. Queda como una calca inversa de lo que pasa y se sublima y no sabemos si es nuestro vecino o está en el limbo del mundo alterno que todos  sabemos y nadie ve. Tenemos tantas dudas y preguntas que quizás solo estamos esperando que cualquiera las conteste para que se deje caer en nuestra razón y respire tranquila un fallo, una sentencia que nos exculpe y nos declare comunes, viles mortales. ¿O quizás solo esté en la antagónica, un replicante que se escurre entre sombras y se vuelve súpita, esperando que pase por este lugar para subirse al  tren y cambiar puestos con su alma gemela de la antípoda? Existe o solo es una maniobra de nuestra mente para escaparse y justificar el destino. Es solo el tiempo que le dedicas lo importante y ¿cuenta para la otredad? La verdad es que solo coincidimos cuando sentimos sus pasos caminando junto en un pasaje que viene y va, en una proyección que solo nosotros vemos y está marcada por la tragedia de no ser ella. No es un clon, es yo mismo y por eso cuando no me soporto, soy otro en la misma historia con recursos de la otredad. Hasta que pasa el tiempo, comprendo que yo no soy el igual de mi clon. “Es el destino, solo el resultado de una solución que escurre de a pocos y nos moja, nos empapa y cubre, nos despinta y transborda a otra realidad en que también somos”. Tanto pregunté por ella que finalmente la encontré, y ahí estaba, inmensa para topar con ella, choqué con mis recuerdos. Y bien sé que no todas las mujeres son iguales, las hay que las hay. Y yo, con solo el suficiente tiempo para hacer una cita, programar un encuentro que no fuera casual, planearlo hasta la última miga para encontrar el meollo, mi razón. Al final entiendo que no es mi igual es mi contrario que solo quiere protagonizar mi existencia porque no soy un cualquiera. Y siento junto a mí los clones de otros dando vueltas, mientras tratan de encontrar su par y tratan de controlar mi quehacer en una copia ajena. No entiendo si los clones son del mismo sexo o son almas paralelas que se complementan y asexuadas son iguales o inversas, parásitos que imitan o no quiero imitar. Imitadores de siempre o comensales de mi alma que están del otro lado del espejo y observan mientras me descuido en opciones binarias que me alimentan. Dislalias de mundos que de tan iguales son diferentes en la nostalgia de lo que pudo ser y no es.
Es un día común para una persona cualquiera como yo. Ya casi es la hora convenida y ahora solo pierdo el tiempo caminando, la vista es genial, avanzo despacio para no llegar hacia la cafetería donde nos citamos. Esta, arrinconada en la recepción del hotel y no tiene vista a la calle tiene los muros en tonos de gris, forrados en una tela cada vez más obscura que mata el eco y cualquier ruido, misteriosamente los susurros se escuchan perfectamente. Eso me molesta, me gusta no saberme encerrado y los espacios abiertos y en el fondo no quiero estar ahí. La tarde es esplendida y nubes blancas en el horizonte presagian un anhelo fresco. Afuera, la entrada a la cafetería está llena de gente que viene a alguna reunión social de la que no soy convidado, aunque bien podría confundirme entre ellos y hacer más rápida la espera. Pero no, yo, me apoltrono en una butaca y aguardo con una copa (aunque no disfrute del alcohol). Son las siete de la noche y el tiempo transcurre mientras trato de no perder la compostura, me imagino que sudo profusamente aunque el calor no lo amerite, solo son nervios, La copa se convirtió en un café que no saboreo, permanece intacto mientras lo meneo con la cucharilla y me sumerjo en el tintineo que hago, disimulando, tratando de ahogar ruido que produce. Las personas que caminan en la recepción en sus trajes y corbatas no se dan cuenta de que el tiempo parece detenido mientras espero, bien acierto que siempre vale la pena esperar a una mujer porque aunque las primeras veces siempre son memorables y únicas, pero sé que esta será la segunda y última. Y aun así, vale la pena esperar una hora… o dos, sin fumar y tratando de parecer fresco  mientras observo a las personas que se registran y trato de adivinar su ocupación y no pensar, es fin de semana y hay mucho tráfico como para rumiar en salir, porque, lo sé, vendrá. En el banco de la entrada aún espera y siento como me observa la misma mujer mientras juega con su mascada.
Esto ya no cuenta, para cuando brotó Lluvia radiante, no la vi y pensé que valía la pena esperar su alma sin prisa, estaría hermosa, radiante y cuando me di cuenta, solo éramos dos y ella (más el fantasma que llevamos en nuestro interior que pide estar presente mientras algo sucede para, espontaneo, aparecer después y en lo menos imaginado y montado sobre la conciencia embosca nuestra mente), Lluvia, se quedó esperando que llegara el tiempo. -Somos perfectos- Pero tanto tiempo se había desvanecido en segundos y todos los caminos que veía llevaban al mismo sitio, y a sus lados la tierra estaba deslavada y ceniza. Nuestros roles eran intercambiados entre los días que no tenían más que hacer y el tedio de lo mismo de ser única. Todo era caminar para compensar otras acciones y encontrar razones que no hay. Ella se ocupaba de todo, antes trabajaba, ahora cuidaba de su casa y propiedades, y en miedos pierde sus sueños. La mujer cauta del encono diligente se deja caer en mí.
El tiempo corre, lo ves transcurrir en las sombras que se mueven, tic tac, siento el pasar del tiempo en otra parte, eso es algo terrible. -¿Sabes Lluvia? No sé cómo manejar la ansiedad, esto no es igual a la muerte, tú eres una formal pasión, que cuando olorosa y obvia me arrastras a lo más hondo del viento, me desmorona y solo me lleva al techo del egoísmo- ¡No! es demasiado cursi, a veces, yo tengo la tentación de ignorar, de solo dejarme llevar por la brisa y ahí flotar. Pero el solo revolotear sobre huellas de herrumbre, esas persistentes manchas sin forma que marcan el camino, me prohíbe olvidar. Son ganas de ver y dejar pasar, pero no puedo, siempre supuse que eras parte de la armonía de mi vida, que tú, tenías poco de ser y mucho de existir… quizás solo fue una brecha en un día a día, que en rutinas se deja caer sobre la capa de fresco que queda de muchas tardes, en que yo, asomado a la ventana para cuidar el jardín y soñar con verte corretear mariposas. Casi sin ropa, oculta entre la mirada de mis silencios. Porque ni tengo todo lo que es, ni es todo lo que está es un hábito. Recordando como el tule gigante al centro del patio, se escapa de la sombra y deja caer sus graznidos vespertinos sobre todo el jardín, y vuelven invisibles mis dudas como olor de flores. Me quedo entre verdes de todos los matices, que regulares invocan pleitos de colores con el cielo y se dejan caer en tonos de gris en las tardes que te desvanecen. ¡Regresa quintaesencia! Que mis huellas desnudas sobre el césped te extrañan. ¿Cómo escapar de lo inevitable? ¡Qué sé yo! Porque, retar no es una opción, ignorarlo y dejarse llevar por la falta de tema para después lidiar con la culpa, esa traición que nos hace nuestra alma para justificar lo necesario. Olvida el miedo que tienes de ser feliz, que nadie te la va a arrebatar. Y pasa, tararemos la culpa todo el tiempo y mientras el viento acaricia la tarde, empapando lo que queda de recuerdos. Adiós viento insolente que desaforado te llevas mis pensamientos cuando te conviertes en la seductora realidad que tu pelo acaricia descuidadamente-
Parecía un infinito afín y Lluvia, caminabas desnuda delante de mí, tan acicalada como enigmática no recuerdo el día pero sí su frescura, quizás solo fue un sueño, teníamos un trato y algo no funcionó, nada más al empezar a caminar lo ignoró. Te fuiste, ligera, como el vino en el verano, parecía que volaba.
Me impresionó verte, veníamos juntos y por un buen rato no caí en la cuenta de quien hería junto a mí entre el sendero, te vi en la inmensidad de un parpadeo y supe que las cosas suceden porque así tiene que ser ¡Lluvia!
Olía a primavera. Algunos logramos continuar, caminamos atrás del perdón y supimos mantener la especie, ocultos en el jardín. Hay una fuente, entre vientos que van y vienen, se escapa de a pocos entre las orillas, en tonos azules y rosas cálidos que se escurren al miel de tus ojos. Las fragancias que se escapan del jardín y llevan recuerdos de alguien como tú, corriendo desnudas de peso en tu piel limpia. Atravesando peldaños y pisando el verde recién regado que humedece las culpas, y se deja caer entre las ramas del cedro que tiene tu nombre y mis recuerdos. Esas memorias que son un rostro mojado entre lo demás, que fue cuando la lluvia soltó a sus pequeños bastardos al sol de la mañana, uno dos tres cuatro, para que se disiparan entre el sol. Parecía contar constantemente mientras ronroneaba tratando de tenernos juntos. Pero desde que se seducía, veía muertos en todos lados y penes en todos tamaños. Lluvia, quizás no es posible seducir un sueño, que fiel al texto se queda sin alma, trasgresor e irreal de mi  alteridad que se esconde entre el mito de tu sexo. Cierto, me interno en el bar, el bullicio del hotel ha desaparecido, siento la soledad, solo es polvo de tiempo escurriéndose entre las aguas, tú no sabes lo que es buscar cauces, solo caer y dejarme llevar para perderme a propósito en tu recuerdo.
Pasó una ráfaga de viento y se llevó el final que no cabe en esta historia, porque los excluidos de esta historia tienen otra versión, más real. (Lluvia dice que dejo un recado en la recepción en que explicaba algo) Porque yo como digo una cosa, digo otra y todo se oculta en mi otredad que veo en el espejo (O es solo mi clon quien me hace gestos) y se niega en morir para dejarme como un fantasma sin sombra, porque tener alguien a tu cargo te mejora el vigor. Lluvia, no llegaste nunca para convertiste en tormenta que me hace pagar la cuenta y salir del restaurant, la mujer del sofá aun aguarda atrás de su mascada a tono con sus ojos y siento que es mi alma gemela. La observo, tiene una mirada triste y me mira, quizás piense lo mismo.
Coincidencias que no veo, soluciones imperceptibles y peleas que nos enfrentan. Sabía que los demonios terrenales no hurgaban en las niñas sin prejuicios, siempre hubo un dejo de respeto. Amarguras y dulzuras que nos describían entre sueños y vivencias, tomó su píldora contra el miedo a las tormentas con una dosis de larga enumeración de sueños. Las mentiras son un acto de colaboración desde aquella vez en que la nube se situó encima del jardín, volteo a ver y se hizo chiquita mientras se agotaba en grandes gotas que despeinaban las flores, llovía y Lluvia envejecía recordando el cielo cuando era suyo el viento, con esa certidumbre de rencor vivo, nube que se desgaja con los vientos de febrero.
Los muertos siguen caminando por ahí,  ya son el olvido que será, melancólicos se acercan como sombras que de repente te descubren y caminan junto a ti. Pasan contando lo que ya no tienen, que digo caminan, se deslizan, se escurren con la luz que frívola se desprenden de su peso, se esconde entre las sombras de tres árboles, una buganvilia. Se mete entre el jardín y se integra a la tierra. Ya no son muertos, víctimas de falta de existencia, ¡ya son la muerte misma! Que en una paz inmensa, inunda las sombras que ya resultan estériles

Todo era igual, ya nos sabíamos de memoria, violamos tantas costumbres para que sin miedo nos pudiéramos acostumbrar a desaguar nuestra conciencia

20130607

Si las cosas que pasan no son emocionantes, solo son "cosas que pasan" y si te inquietan… ¡son felicidad!

Del olvido al no me acuerdo se encuentra el… si no tratas, ¡nunca sabrás! A menos y tal vez, que sin caso me descubra perdido en medio del infierno pegajoso de sus piernas achicaladas, recordando cómo me perpetué tarareando en atardeceres de soles melosos, que se derraman tal cuando caminábamos rumbo al jardín y nos perdíamos veinte veces mientras no llegábamos. Disipados entre los quicios de las puertas y con la misma canción entre los labios desocupados, mientras ni nos besábamos ni hablábamos, aduana que mansa nos soportaba en la ligereza de nuestro ardor, muerto en risas garapiñadas.
Del piso de lajas, hurté un guijarro y lo coloqué debajo de nuestro rincón, junto al nido que ahora ya sin miedos, vacante y seco de nuestra morada se oculta del viento. Entre las brisas de verano que estorban las tardes, pervirtiendose en noches para recordar que se quedan limpias, bañadas con ojos de entonces y miradas de ayer. Se hace tarde, y viene el crepúsculo, la hora del lobo. El sueño me lleva al último peldaño, ese escalón que siempre recuerdas como en caída libre cuando despiertas, para después desvanecerse y quedar solo como sensación, ese sentimiento de evaporar que te llena los pulmones cuando inspiras y llenas los pulmones para despertar, hoy más que nunca.

Ahí le doy nombre y le pongo personajes al sueño. Adquiere formas reales mientras lo trato de fijar en mi mente… pero es inútil, ahora ya solo es un estado de ánimo que se desvanece cuando me levanto. Y queda como polvo que se adhiere a mi mente inserta a las efímeras aventuras que ya no sé si fueron o serán, si son y existen o se va en nubes que pasan. 

20130404

Primavera


Primavera


 


Tanto tiempo, cuantas aventuras ausentes y ahora me la encuentro, parece que no se fue… pero ya regresó. Ahí viene entre el cortejo, avanzando entre la sombras de las jacarandas y los reflejos de las buganvilias. Mientras veía triunfar la fila, la vi mirarme, me uní a su abundancia y noté cómo se entretenía conmigo, casi burlándose de ver pasar el tiempo que no se decide y solo trascurre, mientras quedan imágenes como postales en la mente. La alcancé y platicamos mientras las sombras iban y venían entre los árboles. Me contó como recordaba que cuando salía de la escuela se encontró al tipo con la jaula y los pajaritos que leían la fortuna, y ella supuso que había truco porque todo lo que decía era verdad (ahí estaba yo, en esa carta que escogió el ave) y se dedicó a predicar su estado compulsivamente. Puede que sea, puede que no, pero es seguro que transitó conmigo todo el camino.


Da vueltas y se enreda entre mis palabras y sus ideas, pero ella tiene la última voz en mis intervalos, en uno de ellos se planta para dejar caer sus raíces –Soy chica para tener conciencia- Todo esto es solo azar, un albur que se deja caer sobre nuestro destino cuando sale el sol y se olvida de la magra dieta que la acompaño en la sombra. ¿Crear conciencia? No puedo dormir porque siento que estoy dentro de sueños que pasan y no regresan, para convertirse solamente en poemas a cosas inútiles que nos dan forma, porque toda desventura es solo una oportunidad para atreverse a rasgar los sentidos.


Antes de cerrar los ojos, con los primeros rayos de sol, un sudor frio acompaña su segundo despertar, ¿Qué es lo que no puedo recordar? Pues qué y para qué, ¿por qué? si eres la atea más profundamente devota que he visto, mientras amanece, todo se vuelve una imagen difusa por la neblina, etérea e irreal, mientras llegamos a donde da vuelta el aire, el silencio es sepulcral hasta que llegas a celebrar la boda entre dos vientos en que no aceptan la verdad y se esconde el silencio, silbando como uno solo entre las copas de los árboles en una verdad a medias y le encanta que sea para dos, aunque solo sea un tal ves o un quizás la promesa sin futuro, ¿Saldremos vivos de este silencio? ¿Terminare algún día por alcanzar mi sombra? Llegamos a una puerta que se abre y ve al abismo.


Es de pocas palabras, las esculpe de a pocos cinceladas en bucólica añoranza de lo que no fue, y las suelta de a pocos, escupe si no le gustan, como las moscas que me revolotean alrededor de mi pasión, luchando contra el dolor que no es.


Y ¿qué? si de acuerdo a lo que ella habla, solo las frustrantes esquinas de su insatisfacción fraguada dentro de los muros bordados de buganvilias queda. Y como se dejaban derrumbar después, gozos que no gula, sublimados en intactas imágenes que se escapan de su mente como fantasías en que su cuerpo se sublima y suda las posiciones que imagina. Y se incorpora a la realidad en la última fase que la acompaña de delirios estáticos que benevolente la moldean su depresión, en moldes histéricos que se rompen cuando termina sus fantasías y se desguanza, se deja ir en una ola de placer que acaba con sus somnolencia, termina y cancela pero no se acaba cuando encuentra la paz interior por un rato que la moldea y tiraniza su depresión entre elogios a la displicencia. Hoy más que nunca las lágrimas son húmedas y escurren alegres sobre la almohada de la alquería, felices. Aunque el dolor sea inevitable al ver a mis yos anteriores muertos y sin sentido en el hoy en que si no estoy aquí, no estoy en ninguna parte. ¡Qué razón pueden tener mis desvaríos!


 ¿Ausentarnos es como morir un poco a los demás? ¿O será como recapitular y ser nosotros mismos un tiempo? Extraña tarea la de las jacarandas; cobijar, dar sombra y escuchar historias… sin tintarlas de su color ¡Qué enormidad de silencios enamorados! ¡Qué forma tienen de atravesar mis sentidos en primavera, cuando todo mi ego se abraza en una visión de un sepelio en que no veo la obscuridad! ¡Yo, soy las tinieblas sin luz que apagan la vida! Esquizofrenias que parecen milagros, memorias que destruyen al muerto que precede el desfile.

20130321

Puerto libre


 

Solitario en Puerto Libre

 

Ella no se fija en como la estoy observando, camina como si cualquier cosa hacia mar abierto y yo, no puedo evitarla mientras marcha tan rápido que me deja atrás. Y yo siento como cuando la realidad se vuelve cotidiana, una sola mirada furtiva de silencio enamorado, basta, ¡Qué complexo este marasmo! Es un recuerdo de orfandades y desamores en que la realidad no existe en naufragios, aunque la coquetería sobreviva acariciando egos, esperando que se te escape un equívoco en que observas que la vida es un borrador, nunca será original y solo quedan éxodos. Tan solo son de ida y parten a ningún lugar, los esperas. Principian desde que llegas al muelle queriendo descubrir nuevas sensaciones, pero pierdes el barco, y solo vez pasar, distantes, a los tripulaciones que existirían como tus compañeros de viaje y pones cara de que solo fuiste a verlos partir sin ti: Son huidas en que traspapelas tu equipaje ahí dentro, con tus emociones y aun así, no tienen regreso. Son viajes que ya comenzaste y no tienen atrás, son compañeros que ya perdiste y maletas que no recobraras. A veces solo te quedas marcado con una pulsera, que no una esclava, abrazando tu mano izquierda a manera de boleto, con el miedo en la bolsa y suspiros de abandono en el aliento.

Son primeras veces que merecen una segunda oportunidad, el derecho a olvidar cualquier cosa, es algo personal que nos acongoja y simplemente está el recuerdo. La memoria que es un invento de abates o bardos está iluminada por una luz que no calienta, artificial me deslumbra sin dejarme ver y se eterniza sin calor. Por ratos esperaba que se volviera a armar pero se quedó desencajada y hablando algo que no era nuestra jerga de todos los días, una verborrea en la que traté de hacer mutis porque creo conocerla desde chiquilla y sé que hay que esquivarla en estos momentos. Por la ventana de la taberna del puerto, veía como de a pocos la tarde se caía en pedazos y dejaba unos enormes huecos negros en el cielo de los que se suspendían  nubes cada vez más grises y siempre inacabadas. Ella se daba maña para hacer la tarde eterna y no despedirse sin antes dejar escapar sus ansias (debilitando las mías) en algún escondite que siempre estaba de paso y generalmente era un obscuro y sin ventanas. -Estar solos no es casualidad- en efecto era una cita cuidadosamente planeada y escrupulosamente escogida. Todo un enigma que escondía el estigma que la caracterizaba mientras se trataba de borrar las marcas de la última vez y pretendía ser primeriza, una y otra vez.

Los aromas del mar, son momentos agradables que excitan la memoria y desde que recito nubes estoy más cerca del cielo, contando gaviotas e hilando rutas que solo se adivinan desde arriba, en el fantasma de mis apariciones que no tiene brújula. Hay fantasmas por todas partes, son todo un hito yo siempre me los encuentro entre el aire que pasa, van flotando y no podría decir que arrastran penas. Más bien van en un aparte que los eleva mientras piensan y destilan cuentos en ruidos extraños, cualquiera diría que los cultivan en la religión de los desesperados, entre monosílabos y susurros. -Ya no deseo una sirena, ahora me atrae el silencio-, y fue una sepultura por el cuerpo, lo suficientemente bien planeado y perverso para parecer inocuo, irracional e inocente porque no existen libros de magia para mujeres tristes.

Amaneció muerta y estaba lastimada por quererme aplicar citas de famosos que nunca dijeron y escogiendo, ahora sí, cuidadosamente las palabras para parecer consejos rosas de quien solo adivina la realidad. Pero aun así, esta vez noté un pequeño temblor en su voz, algo no cuadraba y sus escalofríos me turbaron, fue diferente. Cerré los ojos y traté de concentrarme en la anarquía funcional del silencio enamorado de su organizado desastre. Ese, que ahora nos tapa con solo una sábana como vela de muchas palabras y poco entendimiento porque ya se le hundió la última barca. –Soy un olvido, capaz hasta de amar-

No la pienses, úsala y sedúcela, acaso ¿Se pude hace un inventario de las personas a quien arrebatas? Y ¿Qué tan iguales son a ti? ¿Serán tan totalmente disímiles y escabrosas como para desecharlas?... ¡Suelten lastre! Es como una tormenta en el horizonte. El barco avanza, tú perdiste la candidez y solo te quedaste el muelle viendo avanzar la ausencia, con el llanto a flor de piel, que para acostumbrarte florece como una forma de morir que se marchita dando vueltas en la bahía. El viento se escurre entre las rendijas reconciliándose en mutis con la tarde, respirando a base de suspiros.

De noche llegué a casa, percibí que alguien me llamaba, cuando volteé, no había nadie, solo una desilusión inútil. Ahora y en la distancia podría decir que su cuerpo es un laberinto que hay que transcurrir a ciegas, sus labios un sinfín de olas que se entrelazan con sus pensamientos en gotas de miel. Pero abro los ojos y la encuentro de cabeza observándome… -¿Quién es tu dueña?- ¿Quién posee a quién? Ahora que tal vez salga la noche de nuevo a provocar a mi sombra, que a veces es un susurro y ahora solo una caricia que como prurito se esconde en mi cuerpo mientras pierde el velamen. Los hombres que pasaban lo sabían, pero caminaban de largo disimulando, las mujeres preferían fingir. No tenía sombra, se veía etérea, sin halitos ni auras ¡Su alma no había sido nunca! Mientras lágrimas se creaban entre los rayos de la tormenta de su mirada.

20130219


 

Del deseo y otros peligros

 

Más allá del deseo y de las costumbres, ese día Lety caminó con soltura hacia la barra y pidió un cortado doble, a los costados del destartalado bar de estación se escuchaban voces de hombres que platicaban en voz alta y mujeres observaban a quien pasaba, Ella camina con soltura montada en sus tacones de oficinista transmitiendo un tamborileo que avivaba los oídos de los más curiosos, llegó, se plantó frente a mí y se llenó de pecho a espalda de luz. Una pequeña rendija entre sus lentes me deja ver sus ojos, se sentó displicente, abrió su agenda y trato de leer lo que traía instruido en la memoria:

-Lunes y primer día de marzo, fecha en el que hay cajones que no quiero abrir porque por ellos se escurren nostalgias; las tengo dentro, bien húmedas entre la ropa vieja que ya no uso, son almarios llenos de cosas viejas que no he visto en mucho tiempo y al ponerme a indagar… se me escapan estupores y sorpresas, que como son, me asombran. Empiezan a pespuntarse con mi vida pero… todo esto está estático, es lo mismo, no cambia-

La escuche como quien escucha al viento, sin querer comprometerse, con cuidado. Sus palabras tan sutiles que casi no se escuchan, noto que tiembla temerosa. Le tomé la mano para decirle algo y creía en la curiosidad de las personas en la mesa de junto, que no sabían si ella actuaba o así era sus maneras y revoloteaban en nuestro portar. Llegó el servicio, tomé la humeante taza de café y sorbí de a pocos tratando de ordenar mis pensamientos y descifrar los suyos, aislándome de los demás.

Abrí y me encontré con ecos confesos en que ella llega sin más, recuerdos de otras tardes llenas de tazas y plática -Soy una impostura- descaros que dicen que la verdad siempre sale a flote y las mentiras caen por su propio peso, estas escurrieron de sus labios hasta tocar fondo cuando ella me dijo que hoy, ¡Ya me perdonó! Me guiñó el ojo y tomándome de la mano me indicó que había inventado el amor de ocasión y tenía que percibir todo, es como era y nada cambió la vocación de sus besos ni en sus caricias que se escurre en la tierra y forma lagos que brillan deslumbrantes y terminan bordeados de árboles, que son como sombras que nos observan. Termino por pedir una ensalada con frutas -Para dos- Le guiño un ojo al mesero y yo me sentí celoso de que el ayer no acabe nunca para deshacer una realidad que no acaba nunca

–Abrázame, respírame, acaríciame, metete en mí y revienta. O al menos solo imagíname, piénsame y hazme real, no puedes conservar para siempre frescas y olorosas a todos los requiebros que has amado- No esconde ningún secreto, solo actitudes y posturas ya olvidadas sin caso se dejan entrever cuando abre la bolsa y me entrega un regalo, es algo que para ella importa.

Puede que así sea todo ahora, que algo pase, no sé si hoy o nunca, pero va a suceder, solo es cosa de esperar que este de buenas y se deje querer porque si, nomás porque si y sin siquiera cuestionarse o preguntar. Yo, tengo mis dudas. A veces era una y a veces era otra, y regresó a la que me gusta, se acomoda a mí y me permite quedarme ajado, porque no existe nada que no sea inmortal, pero esto ya huele a enredado de tres días. Descubre el hecho de amar sin entregarse y es como morir sin tener fuerzas para resucitar y deja caer sus pesares en la culpa. Se siente como recién llovida y húmeda de nuevo.

Cuento su historia queriendo olvidarla, bella e intransigente, porque ya está lo suficientemente clavada en mi cerebro para poder disfrazarla, atenuarla y dejada caer de a poquitos, siempre he querido olvidarla pero regresa para disfrazar mis miedos de sueños justo donde empieza la alucinación. Cada amanecer despierto más temprano para tratar de evitarlo y dejarme caer en la vigilia del día a día de trotador ensimismado en mi propia brega, faena que maduró precoz en su relación subterránea de acciones develadas solo por las sombras que se evidencian, solo por el frío que provocan entre generosos desvíos de atención que me enseñan que estoy encerrado entre cuatro paredes que parecen ser una caja de cartón. Siempre iba y venía en el mismo camino, en la misma hora e iguales vistas, lo que pasaba, pasaba a sus espaldas porque ella no se daba cuenta que lo que pasaba la iba digiriendo de a pocos, casi sin darse cuenta. Tenía unos treinta años y no se daba cuenta de cómo asomarse al mundo sin agacharse a ver si es amor o sordidez. Sin darse cuenta que desilusiona mis ayeres en sus dos versiones, claro a la que tiene subtítulos le entiendo más, aunque dude de todo, más del pasado y las mentiras de un momento. Pero memorias… para toda la vida incrustadas en el baúl de los recuerdos en que ninguna felicidad es eterna. Pero, ¿qué realidad tenemos sino la que vivimos y recordamos cuando la suerte se lía con el destino? Y mientras no termine la encrucijada, no puedo empezar a disfrutarlo porque ahora me siento un extranjero, que no un extraño entre sus besos con aire de tabaco que me desconciertan de inciertos. Para cuando llegué a casa la tarde era una lluvia continua.

El mundo hasta ayer era un lugar apacible, hasta que aparecieron las dos, ella y su sonrisa con cierta malicia y así fue el final, un cuento con vuelta de página ¡Orgasmo de por medio! Y entre lo quieto y lo formal se desenvuelve entre lo que yo desconozco de la noche y lo que la obscuridad sabe de mí. No me gustan los almendros, se dejan florecer por cualquier febrero y en pleno invierno quieren ser las estrellas de la mañana… Lety es lo mismo.

20130104

...

Cuando encontró la llave del tiempo, Inequívoco se devolvió al pasado para crear de nuevo el universo, átomo por átomo, y se fundó igual, idéntico. Lo imagino como él era y será, antes de quedar como un cadáver exquisito, con la imagen de un dios a su imagen y semejanza. Lo hizo en un lugar con olor a incienso, que perpetuamente fue igual porque con el tiempo aprendió a crear e imaginar el futuro a su antojo. Desde entonces siempre está ahí, donde perpetuamente hubo flores con cantos suspendidos entre volcanes y ríos, todo lo descubrió entre los ecos del pasado sembrados en la memoria ancestral, que ya no transcurrían innecesarios. Ahora transita eternamente; como lo quiso el innegable, que no sabe que Él, es él mismo mientras nosotros; ya nunca nos perdimos de nada porque descubrimos que estamos hechos de historias y cuentos, no de partículas entre el tiempo que ya no existe.
 
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20121228

Inocente


Inocente

 

Diez segundos bastan y sobra, si me desprendiera de todo lo que falló, del tiempo que perdido aparece entre sueños y me pesa, las horas que dan vueltas hasta el amanecer, del espacio que a veces es tan próximo ¡Amate con toda la tinta que pueda escribir tantos despropósitos! Mientras, trato de tocar ese cielo tuyo tan azul, que revienta las costuras de tu infinito de días no vividos, de la última imagen que me sobrecoge en la realidad de la devoción que queda cuando todo acaba, porque no rio de lo que dices sino de lo que piensas, entre la histeria que se repite en ecos ahuyentados y miradas perdidas, alentadas por el olvido y la inapetencia del miedo que se esconde en un manojo de hiervas de olor que en sus orígenes, fueron árboles y ahora, son hojas de un libro en que lo único que está es una ausencia, que ya se está escribiendo sola cuando las letras se esconden, jugando al escondite. ¿Cuál es el opuesto? ¿Dónde están sus correas? Que nada se toca, ni huele, solo interactúa y se despeja en el éter, mientras tú y yo nos frotamos, despedimos olores dulces y calores maduros de hipocondría sólida en doce tonos de esta felicidad que me encanta, porque yo estoy aquí, viendo el infinito inmóvil. La tierra impotente, crecida de puestas de sol, gira que gira, en torno de un sol que se desliza entre la galaxia, universo que solo interactúa con el cosmos, dando vueltas, giros, divulgándose en el eterno. Y yo, sigo aquí inmóvil, viendo el infinito en el acto de confesar cosas lejanas pero posibles en donde mucho de mi tiempo camina en la obscuridad, sentado en la sombra, deseándote a gritos.

20121204






 
Dentro del viejo parque

 

Nunca fui muy sutil ni sensible, más bien desenfadado y equívoco, creo que sin proponérmelo… pero esta vez, lo iba a pagar:

Los paseantes se habían acostumbrado a nuestra presencia en el jardín, pasaban errantes por todas las esquinas y sabíamos que nos observaban mientras discurrían, una y otra ves alrededor de nuestra presencia habitual en la tardes de frío. Fuimos un par de almas vagabundas, ¡las estrellas del parque! y el deleite de los curiosos.

Tomé su mano contra mi pecho y la apreté con la suficiente fuerza para llamar su atención, el viento corría plácidamente entre el follaje, ella lo observaba con la mirada perdida, la mente en blanco y la boca llena  promesas. Yo, solo tenía palabras para despedirme, hacía frío y las frases me surgían entrecortadas y cortas. Tenía ganas de terminar, pero el último abrazo era indispensable, noté que su pelo estaba empapado, estaba sudando y yo no tuve fuerzas para irme primero, aunque deseaba correr, escabullirme y desaparecer. Me aparté para dejarla ir, pero yo fui el que se fue, contando los pasos para cambiar de tema, las manos en los bolsillos sobando un sentimiento de culpa y abandono por nunca haber pasado de esa banca de parque con ella. Entonces, consideré que lo mejor era separarnos y yo tomé la decisión porque considere que era mi deber. Avancé procurando no tropezarme ni encariñarme con el sendero, porque al final soy la suma de las mujeres en mi vida entrecruzadas con lo turbio y sombrío de mí ser. Pasó el tiempo…

 

Levanté el teléfono y reconocí su voz, quizás un poco más apagada, quizás más lejana

-Voy a negociar con Dios mi regreso y quiero saber ¿qué harás?- y me citó al lugar de siempre, insistió que en la misma banca.

-Voy a regresar a esperar, aunque no vuelvas completo, pasó lo que pasó y ya no me importa- y no terminé de entender lo que quería

-Fue un largo impasse- se despidió y yo quise renunciar a verla, a la experiencia de regresar y tener que resignarme de nuevo a empezar a olvidarla, el pretexto estaba en mi superficie pero me negué a aplicarlo y acepté ir.

Llegué pronto a la cita, caminando el parque, oliendo a hierba húmeda, despacio, buscando imágenes y recordando lugares. Ella habló poco de su vida y yo en verdad nunca creí conocerla ni me importó su pasado. El paseo es un lugar abrigado, con personalidad propia y un fin definido, lleno de plantas y sombras entre senderos, que aparentemente no van a ningún lado y dan la vuelta en curvas marcadas por arboles gigantes que se dejan caer sobre sus linderos y casi velan los atajos que ocultan nuestras citas y recuerdos (cuando me la jugué robándole el primer beso)

Cuando me llamó, no entendí que quería, pero había pasado mucho el tiempo, año sobre año, y sentí curiosidad por volverla a ver. La recordé hilvanando recuerdos, como cuando la hierba crecía parejita alrededor de la banca en que siempre la esperaba y siempre habíamos frecuentado. Ahora el pasto es una cortina que casi oculta la banca y forma unas aristas entre verde-quemado que apuntan al cielo en las esquinas y esconden el lugar.

Apareció y caminamos un poco, cuando nos sentamos vi que traía el abrigo de siempre (o uno muy parecido) y una mirada verdosa que sentí familiar, se puso junto a mí como un espejismo que cayó en mi vacío

–Vamos a hacer lo que fuimos- Y traté de entender que quería. Ahí estaba y me provocó una rigidez que solo se disipó cuando ella se dejó venir en una sonrisa, que ahora me suena hueca y noté que parecía estar desnuda dentro del abrigo que la cobijaba.

–Solo necesitaba estar segura de existir en tu recuerdo- Me dijo mientras sus manos la abrazaban y, así,  mientras rozaba sus dedos en el abrigo, vi como su rostro se convirtió en un una mueca en que se transformó en el último recuerdo que tuve de ella, una tarde gris en que se entregó y me juró eternidad

–Si no estoy en tu recuerdo, fracasé- Una música lejana marco el tiempo y la tensión del espasmo continuó en un gemido, complicado en el humor que escurría despacio mientras no hay risas para tantos chistes que se cuelan enamorados en esa, su sonrisa que madura entre besos amojamados de tantos apretujones, desgastados de tardes escondidas que por alguna razón me recuerdan mi infancia, cuando rogaba sonrisas para despertar en el espacio que se extiende, ahí, justo en el final cuando ya no hay tiempo para corroer el tiempo que pasa sin aprovechar. Es de un lugar que pasa entre las huellas del viento, brinca y se convierte en pájaro, se convirtió en algo que me persigue, me acosa en las sombras.

–Nunca regresaste- Porque pensé que te habías ido

–Solo morí, pero… no puedes decir impunemente “Te quiero”-  Me increpó y sonó a reproche, cuando vi el reloj, estaba parado pero el tiempo seguía corriendo, estaba vivo y sin alma mientras cada cual resuelve sus angustias como puede.

Se escuchaba una campana repicar cerca, la que rompió la tirantez del momento,

-Llaman a misa- le dije

-Tañen a muerto- me contestó sutil, acariciándome tiernamente la cara con unas manos muy frías, se me quedo viendo fijamente y no supe interpretar su mirada. Algo me cubría completamente, empecé a oler mí alrededor, era algo como hierba mojada. Dejé de respirar y me dormí obscuro para empezar este sueño en que arrojé sus cenizas al viento y reuní mis pedazos cuando ya era inútil desmembrarme. Ya no sentí nada, solo sé que amanecí aquí, donde viven los muertos y se esconden los vivos, en este viejo parque que ahora es panteón.
...
...

20121101




Aquí yace, o no

Muertos 2012

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-Escucha
-¿Son perros?
-No, es el retumbo de la muerte

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Se me ha muerto mi Janita y estoy velándola, no sea que no se vaya. Ya siento un sudor frío cogiéndome el gañote, pero todo menos quedarse echado, finto y sin qué decir. Coqueteando con los malos amigos imaginarios que se aparecen entre lo oscuro y te invitan a no dormir con el chamuco, nahuales del mal que desde endenantes te jalan. Nomas tu perro se queda a los pies, porque de repente estás tan solo, sólo con el café como tú siempre me lo preparabas, siempre en el mismo jarro y con su panela para hacer más dulce la jornada. ¡Paqué te juiste Jinita!

Hoy ya nomás las personas se reúnen a tomar café aonde tendí el cadáver en su petate, bien muerta mi sangre, la difunta que fallecida es despojo, extinta sobre su examine cadáver para quitarse las cenizas de sus restos. Pos fría se quedó y nosotros ya mero juntamos las sillas pa que las comadres lloren a gusto con su alipús y nosotros le pongamos al tanguarniz con gusto para acordarnos de la interfecta, manque los teporochos solo festejen que hay ¡chupe gratis! Pero las comadres ya jueron por las flores pa que yo pueda velar mi pena acompañado, porqué al fin, sigues aquí mi Jinita.

Y pa mañana te echamos tierra y te prometo levantar tu cruz rapidito y ponerle nombre a tu tumbita de a luego, que expíes tus culpas y regreses sin perderte y sepas llegar, entre alientos y penas por el olor de las flores y la luz de los cirios. Olvida rápido tu fardo pa que vuelvas y me vengas a platicar de a ratos tus cuitas. Como cuando el jacal se calentaba en la noche y pelábamos las mazorcas hablando de a largo. Déjame aquí tus angustias y soledades que ya no tienen caso las jales onde vas. Pa que cuando vuelvas, que solo sea por gusto… ándale prietita, llévate tus previsiones pal camino y no tardes porque desdendenantes te espero.

Que sin destino ni porqué, yo aquí te aguardo en esta cárcel, oyendo los grillos de siempre y pa nunca serás olvido de naiden. Se me murió mi Jinita, yo no quería que se me fuera, y aquí estoy velándola con mis ganas de llorar. No sea que se me julla sin su nahual, ahorita que todavía me puede oír y me emprestó su ausencia.
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