20090710

Adiós


Ese día le fue difícil despertar, siempre es pesado regresar a la realidad después de tanto toqueteo y acostada; tan callada, modosita. Bajó los pies despacio para no molestarme porque aunque bien sabía que estaba despierto no estaba segura de que quería hacer. Amaneció en ese, su mundo, en donde las golosinas y los hojaldres duermen junto a las ganas de enflacar y hurgar en la alacena, se jaló un mechón de pelo y lo dejó caer graciosamente entre su cuello, sabe que tiene derecho a hacerme miserable porque solo soy parte de un cuento que narra su endogamia:
-Diles que no es cierto-
Todo empieza en algún momento entre ayer y hoy, aquí fue cuando descubre qué llorar es bueno y me obliga; dejarse llevar por el destino es permitido ¿Qué: acaso los hombres tienen que ser las mujeres de hoy? Y se puede sentir bonito de que te quieran o te regañen cuando no sabes la causa y sabiendo que el sexo despertó de nuevo y planea, ahora si espero, quedarse por buen rato. Pero eran las ocho de la mañana y aunque aun había algo de tranquilidad, ya permitía esconderse y disimularse entre la gente, siempre es lo mismo y ahora no es diferente.
-Si quieres, podemos tratar de nuevo-
La bese porque así lo pedía y se quedó quieta, quieta. Porque siempre habla del pasado y ya ni se acuerda de sus sueños, al fin siempre se da una última oportunidad para decirme lo que nunca me ha dicho porque al final nunca creyó en el amor hasta que se vio enamorada y sintió que se acababa el tiempo para compartir esos orgasmos sintiendo sus piernas temblar y deshacerse con ese dolor tan dulce. Tan efímeros y perdurables a la vez.
Se puso a ruñirme a besos y lengüetazos en que cada huequito se hizo un agujero por el que me desbordaba hacia fuera, como si fueran caricias de última vez que me comían vivo. Luego, el paso a la tarde, el peso de ese calor insoportable que a pocos se convierte en cuerpos sudados y con sabor salado. Y con la última hora se llenan los relojes de prisa.
Esperar, como quien aguarda algo y no sabe que es ni cuando vendrá, sin tener conciencia ni edad para tenerla. Sentir eso me hace sentir un apestado, tanto como descubrir un plisado nuevo en su ojo o deleitarme con ella, escondido entre trapos y oliendo moho. Pasando dos veces sobre su cuerpo y quedándome para una última debajo de él, solamente para sentir su calor completo y quedarme una última vez pegado a su cuerpo. Y yo aterrorizado por su volumen y cautivado en su sonrisa. Ella es rara, todos pueden soportar algunas cosas pero es imposible ser tan yo, tan una isla que no tiene salida al mar; de formas injustas y sonidos suaves. ¡Y aquí me tiene esperando! mientras llega cada noche a poseerme sin dejar huella mientras yo muero de susto, aguardando que aparezca una y otra vez atrás de su máscara. Pero claro, los amores mueren despacito cuando están clavados dentro.
Porque al final no hay dos posturas tan irremediablemente ambiguas que no impliquen una unión que envejece sin piedad y en una sola noche. No tiene asunto que tratar y solo le queda el gozo de deambular con su alma vagabunda y dulce, en la noche y hacia ningún lado. Y él, el único pecador (que soy yo) era tan pequeño que no le quedaba la menor duda.
-Despedirnos es como llorar bonito y decir adiós-
-Qué bueno que esté obscuro, así, como sea; no nos verán juntos-
Y yo, ahí me quedo, cargando mi angustia.

20090623

¿Y qué? Me sé cómodamente dormido, cansado, pero extrañamente lúcido y despierto. Todo el agotamiento de ayer está a cuestas sobre mí humanidad me hace sentir líquido, intrigante lo siento en el peso de las cobijas que fluyen sobre este cuerpo tan boca arriba, ¡yo no descanso cuando duermo así! Y viendo el foco prendido en el techo todo el tiempo no puedo dormirme ni cerrar los ojos. ¡Qué tan cansado estaría que no lo apagué! siento que me cubren las sábanas pero que no calientan y están extrañamente secas y frías. ¡Seguro que no tardo en despertar! Y cuando lo haga voy a hacer muchas cosas. Pero: ¿Y qué más da, por ahora, seguir dormido?

Mientras; este calor que sale de dentro hacia afuera y que a veces confundo con dolor o cansancio. Es como revancha de mis excesos de ayer, los morbosos actos que no recuerdo con el roce irreal de las sabanas blancas en mis dedos, pies, manos, la nariz, las orejas. ¿Me cagué? Este olor no lo conozco ni sé de donde viene.

Sueño que entran todos a observarme, de incognito con cubre bocas azules y batas blancas, no sé quiénes son. Y yo con esta impostura tan grotesca, huelo el aliento que sale de sus tapabocas, la batas blancas están manchadas de sangre y veo sus guantes como se acercan para cerrarme los ojos y dejarme dormir, mientras, oigo el aullar de una sirena que me rodea y siento que no recuerdo nada, todos se mueven y yo no. ¡Ya voy a despertar! ¡Quiero moverme! Pero hace mucho frio y no sé adónde voy. ¿Y quejarse? No comprendo, no entiendo de qué. Me limito a ser cómplice del silencio y tratar de espantar esta bruma turbadora que me cubre. Hagamos un trato niebla; ¡déjame en paz para siempre!

20090619

Xocoyota

Rodeado de ese rumor de cosas que se vienen abajo, prendido a la obscuridad como si fuera la última sensación se movía evadiendo bultos entre la trastienda tan llena de olores a buscar a su María

-¡En la ventana!-

-¿Cuál ventana? No hay nadie-

-¡Méndigo!

Sus ojos ya acostumbrados a la obscuridad se dejaron caer sobre el cuerpo y decidió que todo se definiría con un beso chapucero, casi robado, ahí, casi adivinado por todos los que no los veían pero lo sabían. Porque solo se puede ser infiel si alguien se entera y ya no considera traición, sino aventura, el besarla y bajar sus manos en su cuerpo para demostrar que un viernes podía ser diferente, que se podía mentir mejor con un fin de semana en el desvarío, sintiéndose un seducido malevo que todo lo mastica y digiere. Inasible, solo la pudo besar mientras se escurría entre sus dedos su cuerpo.

-Si se me olvidara todo-

-¿Perder la memoria?-

-¡Me encabronaría!-

-Lépero-

Fueron tocándose conforme se metía el sol y las sombras parecían llevarlos al fondo con la noche, memorias asociando las ideas que escapaban del cajón de los recuerdos a la caja de los deseos. Era la hora de cerrar y terminó apagando las luces de la tienda

-¿Estás ahí?-

-¡Vámonos!-

-Hoy es el día-

Y aunque el tiempo sea relativo caminaron rodeándose de pudor, como siguiéndose el uno al otro tras el rastro de aromas guardados entre sus cuerpo, parte robados a la tienda y parte el propio de los enamorados

-Y a ti ¿qué te pasa?-

-Nada-

-Anda, no hay tiempo para pensarlo, estás queriendo y es solo un sí o no Xocoyotita mía

Llegan temblando y terminan casi indiferentes entrando a la cama, porque saben que el destino es inexorable. Hoy están parados entre el temor y el miedo pasando el umbral del dos a uno, mañana todo será diferente.

20090608

Nombre

 

 

-Nombre, lo tienes que pagar como se malgastan las palabras de honor-

-Y los muertos ¿Qué?-

-Esos sí que ya ni existen, todo será de vivos para vivos-

-¡Que se sepa! Más allá no queda nada, nadita- Se dijo Nombre a si misma

Y corrió la cortina que servía de puerta para dejar salir el humo y asomarse a ver si ya regresaban del campo sus gentes, exhibió su cuerpo estirado al sol de la mañana y se regresó al fogón a calentar las tres tortillas viejas hasta hacerlas totopos para limpiarse los dientes y puso el agua para el café aguado antes que regresaran del campo las otras mujeres, con sus mecapales cargando el agua para la choza. Era la rutina de todos los días, un desayuno austero y unas memelas del comiscal para reponerse regresando de la faena.

 

Los plazos se cumplen, con criterios que son a más que justos; precisos. Insaciables llegan y consumen el tiempo antes de la fatalidad con que arriban mientras la memoria solo sirve para tener algo que olvidar. ¿La verdad es una en el tiempo? O lo que ayer fue religión hoy es mito, y lo que hoy es absoluto mañana será vano

-Mañana estoy ahí, sin falta-

-Nosotros aquí estamos, pero después de el pueblo… ya no hay nada, ¡todo está muerto!- Afirmo con rotundidad mientras recuerda ese viento frío que se descuelga en las noches, pesado como culpa que a veces refresca y en veces asusta pero nuncamente se olvida. Hasta el viento que pasa por las tardes, solo llora por llevarse la tierra de las calles mientras los perros, asoleados de todo el día, se muerden la cola y se ponen a aullar. La historia muere allí y con ella, en el cuerpo que se quedo entre silencios y quieto; sin moverse, caduco después de tantos miles de cigarros tan escrupulosamente envueltos uno a uno en papel de arroz para matar el tiempo. La verdad es que en el pueblo no se podía uno enamorar de las mujeres aunque fueran felices cuando ponían su cara de bonitas y hasta tuvieran sus raros momentos de placer con uno, porque de que les gustaba pues les gustaba y mucho.

 

-Antes teníamos a la cristiada para echarle la culpa de los males, ahora ni eso-

-Hay cosas que ya ni recordar, ya mejor nos salimos del pueblo y agarramos para la huerta de las afueras, a malvivir de las gallinas que ahí aun ponen-

-Al fin ellas nomas se bañan con tierra para quitarse los corucos- y no es fácil dejar la frescura de la casa por el calor entre los montes y con solo el pozo de agua mala para tener que hervirla de a huevo, eso sí entre el ardor de la tierra que se esconde de lo verde y lo seco del sol que se deja caer a plomo.

 

Y bajar al pueblo… solo con el calendario en los días de fiesta, a misa. Más aunque ya ahora no hay ni quien predique ni lana para pagarle y solo entremos a la iglesia a santiguarnos, después solo el camino de regreso al rancho para revolotear las ideas. Además después del sábado solo queda esperar el domingo para ver qué es lo que le da mañana, mañana, que al fin es algo que une separando y eso no es tan bueno, solo nos mantiene aquí.

 

Con su pelo como mecha apagada y renegrida que esconde sus pecados privados y los separa de los de todos porque no es una mera enfermedad, es algo más cuando se acuerda de la inexistente urraca azul que alguna vez imaginó en su ventana, pasando frente a las casas de colores chillantes. ¿Dónde se quedaron los murmullos del viento al peinar el pueblo?, solo se llevaron la pintura de las casas y se quedaron todas descascarachadas y solitas. Solo ese sol brillante y seco con el viento que no ayuda, estorba y procrastina la vida.

 

-Cuando llueva y pase esto; todo será mejor-

Se dijo Nombre a sí misma y se conformó con el pedazo de sombra que la manoseaba entre su fiebre.

20090529

Veremos, porque no me gustan los cuentos usuales

 

Me perdí en la noche y para cuando volví a saber donde estaba aún seguía entre el camino, en el súper sport y con el amanecer rumbo a ningún lado. Yo podría pensar que hay que parar cuando no sabes dónde vas o estás, para fingir que uno sabe. Porque así ella -Se comería sus propias palabras-… claro, porque no engordan y la noche fue tan larga como la raya en la carretera. Pero no, las oigo como me atraviesan como dardos, dejando apenas cicatrices de tan finas y fútiles. Y todo es tratar de traducir un silencio absoluto en gritos de desesperación que le digan algo a mi humanidad y la haga parecer interesante

-Yo soy de aquí y me planto, aquí me quedo y aquí estoy para dejar pasar mi vida- tomó su vieja agenda y dejo caer una foto suya en la página que marcaba ese día, la cerró y sintió entre sus dedos el acabado rugoso de la piel del libro.

-Claro que no hay manera de hacerme cambiar- Han pasado quinientos kilómetros y es fácil recapitular sin cumplir ninguna penitencia porque al fin mañana no será lo que Dios quiera

El miedo y la alerta están desactivados, es como un cuento en que solo hay un momento, solo ese instante vale toda la narración y se deja caer sobre el descifrador como el espasmo orgásmico que es. Imposible de fingir, es como una batalla en que pueden ganar ambos en una risa y abrazo tembloroso e infantil

Ya estoy enterado que no se pueden cambiar los recuerdos impertinentes pero si se pueden planear y predecir. Así está la vida, enferma ella y loco yo.

¿Y cómo no galantear su horror a las confesiones y su amor a desnudarse? Y qué de su confusión congénita con su madre y el terror por su padre del que solo recuerda que lo único que no hay en la memoria es olvido. Tenía que pasar y ocurrió, eso sí con pudor y poco a poco con esa sensación de grande y autentica, intensa.

Paramos a cargar gas, se encerró en el baño, prendió un cigarrillo y apago la luz, al fin lo había visto todo y el olor el ambiente y las texturas si eran. Quedó todo claro ¿no? Ella me abronca y comprendo que las mujeres malas son buenas porque las cosas de niños son para toda la vida, tantos años de extrema soledad hacen mella y solo le digo capullo para que reviva porque para entenderlo solo hace falta sentido del humor, con un poco de engaño mezclado con angustia 

 

Su antipatía no era natural, impostada funérea que le costó lograrla y mas perfeccionarla porque sabía que la razón era suya y junto a mi verdad solo parecía más firme, autentica como su absoluta incapacidad de mentir. ¡Contigo no! Pero yo solo podía indigestarme con el pecado para amar al pecador que se vuelve incómodamente superfluo, porque sé cómo piensa que yo soy una de sus ficciones, y no le gusta que se lo recuerde como no le gusta el sexo fuera de la cama porque sabe que se necesitan dos… o más.

 

Y ya la autopista, por si misma, es un destino en que cada final es una nueva fortuna cada vez más irracional y demente porque sé que las imitaciones no tienen alma y están maquinadas por la soledad -Ah, entonces fue cierto- en tono de ponerlo en duda –Hay que aprender- porque si sabes sufrir será menos el daño y todo esto es patético. –Déjame manejar- fue la orden

 

Cuanto temor había en la noche, pero se paro y fríamente le abrió la puerta al calor del motor acumulado dentro del el auto con aire de fastidio. Ahora entiendo que quien se quedó fuera fui yo cuando su instinto me ordenaba, la moral me fustigaba y el amor la perdono, en un elogio a la serenidad que categóricamente, histéricamente, se negaba. Mientras yo hacía lo posible por darle la razón y lo imposible por demostrárselo desde el otro lado del volante. Ella maneja y yo conduzco.

20090505


Ya llovió

Uno nomas piensa que la jacarandá esta así por su gusto; tan brillante y coloreada, con tantas espinas que bien te amarran sin dejarte ir. Pero no, está ahí para deslumbrar a los que vienen de lejos con sus colores chillantes con verdes obscuros. Es la pura mascara de lo seca que está la tierra y como púan de bonitas e hinchadas en esta sequedad.

Me trató de morder y ladró, pero solo me dio ánimo para mi propósito porque al fin se veía el animal bien enfermo, echando rabia por la boca: Mejor tomé un puño de la tierra reseca en la salida del pueblo, me quemaba la mano mientras agarraba rumbo al cerro y la dejé caer entre los dedos de mis pies descalzos otra vez al camino. Dentro del morral sentí las cuatro cabezas de peyote y el sotol pal frío de la noche que brillaba dentro de la de medio litro, de verlas se me revolvió el estómago porque sentí el miedo de lo que venía. Desde cuando ya lo había planeado pero sabía que solo pasaba una vez cada año y a veces ni eso, mejor apuré la vereda.

El llegar era perfectamente hacedero y estuvo preparado por toda la añada de los viejos que ya no pueden subir, había que llegar casi desnudo para esperar en la punta del cerro que llegara la noche. Mientras se acercaban, todos bien cerrados, prendí un tabaquito para descansar mientras esperaba a los otros y para cuando nos juntamos empecé a mascar a uno a uno mis señores, todos en silencio mascullando.  Así hasta que me perdí, metiendo las nubes una a en mi mente para sentir como se me escapaban arañando al cielo, para entonces entendí que las visiones anuales solo eran personales y para mí, y aquí dentro me las guardo como el coyote que fui esa noche. Me avine cuando ya casi eran las doce del día cuando las sombras no existían ya ni en los arboles; por eso imaginé un descampado inseguro y esperé que algo me filtrara el sol a plomo para dejarme descansar de la colocación suplicante en que quedé después de haber vomitado tres veces y arqueado toda la noche. Ese día ni siquiera lloviznó y terminé caído bajo un árbol, pero el día siguiente no dejó de llover hasta que me desperezó el silencio y yo… me desplomé del refocile que da vida. Tomé el último pedazo de carne seca y lo mastiqué muy a gusto bajando hacia lo plano. Ya había agua en los huecos de los güizaches para bajarse la sal y quitarse lo feo. A lo lejos oí aullar el coyote, pero ya no me vino a morder.

20090423

No es mal remedio la comida, y la escritura… menos

 

 

-¿Cuál es la distancia entre cocinar y comer?-

-Una escaramuza entre el hambre y la necesidad-

Elena por un momento se me quedó viendo con una mirada de intriga. Pasó algo por su mente que la mantuvo con la mirada fija. Algo fugaz, pero terminó por dulcificarla

-Aquí estás-

-¡Siempre de buscavidas!-

-Pronto llegará el mesero-

La cocina hervía de actividad, la puerta se mantenía abierta al hambre de los parroquianos y el servicio entraba y salía sin un orden aparente, con charolas llenas y vacías de probos platillos. No podía haber escogido un peor lugar para sentarnos, el ruido del nido.

Solo queda elucubrar y decir mentiras desde el principio, porque la verdad no la conoce; y si la conociera pues… no la entendería. Sería un reto muy tentador tratar de expresar con palabras todo lo que entra por la vista o el tacto. Está en un plano diferente y percibe cosas que yo no veo en el que sería como tratar de describir con señales la contestación de un mudo a un sordo. Pero me descuidé, me robó la mirada y me lo dijo todo en un paisaje descrito que se podía sentir de tan denso, para terminar por no transitar entre mis demás sentidos que ya estaban saturados. Y si suena así de simple ¿Por qué no hacerlo siempre? ¿Solo por desconocido? Las viandas corren sobre la mesa y ella está a dieta, solo una probada de vez en cuando y compartir platos es la solución; claro yo los disfruto y ella los sufre… como nuestra relación

 

Se quedó atrás de los postres por última vez (Aunque no lo sabía), subrayando algo en la pequeña libreta que siempre lleva con ella y solo Elena sabe descifrar, la escritura es como bálsamo y hoy huele como a clavo de olor en su memoria prodigiosa. Esa que solo abre cuando esta acompañadamente sola y deshabitada para llenarse de luz, volverla a cerrar cuando está llena la página y llegó el café expresso para volver a sonreír melancólica y trata de explicar: Es uno de los monstruos que provoca la razón en sus sueños –No sé de donde llegan, aparecen en mi de pronto-. Sueños, unos sobre el mantel ya no tan blanco después del servicio y los otros en cualquier parte pero siempre sobre mí: En sábanas blancas y almohadas de pluma que la cubren mientras viaja a sí misma, pero ahí, tampoco la espera ningún abrazo, porque tengo una severa desventaja: no tengo talento ni formación, aunque claro, eso no importa.

Para entonces, ya todo estaba dicho, y yo lo había olvidado. Lo único cierto es que si es absolutamente necesario pelearse, da el primer golpe y dalo fuerte. Porque al final los problemas se toman con calma, pero se afrontan. Y las tormentas se observan de lejos, pero vale la pena verlas porque mientras más grandes sean, más cerca estás de ellas. Y cuando termina la tormenta, se esconde, escucha la lluvia en silencio para disfrutarla dentro de su escondite, que solo eso y escribir lo puede hacer en solitario, mientras está afinadamente acompañada.

20090402

Análisis

  

Siento frío, algo me impide abrir los ojos. Las cobijas están enredadas entre mi cuerpo y la cama revuelta: un color azul me empieza a invadir, primero, los ojos y después todo alrededor. ¿No dice la ciencia que la luz solamente es vibración y movimiento? Y después, la nariz ¿Acaso el gusto y el olfato solo se reducen a moléculas vibrando y bailando a mi alrededor? ¿El sabor en la boca puede ser alegre o triste? Depende de lo tranquilo de la mañana el cómo lo percibo. Me levanto y camino hacia la regadera, siento como se empapa mi cuerpo y vibro, está fría el agua ó ¿Estoy a tono con el movimiento del líquido y por eso… tiemblo cuando el fresco impide que se muevan las moléculas de mi cuerpo y derredores a su capacidad? Un buche del chorro me limpia la boca y ahí me quedo.

Desde que desperté tenía algunas ideas clavadas, pensamientos inconscientes y uno de ellos era; no pensar. El túnel en el que estaban atorados mis sentidos no veía el fin. Sabía del miedo que me producían sus ideas, el cavilar en dejarme llevar y estar habitado por ella misma y sus imágenes solamente, todo yo poseído. Ella, que asfixiada de posar ante el espejo y no poder ser genuina en medio de sus personalidades confundidas, y fundidas en una misma. Padeciéndose y aguantando el peso de ser genuina y su incapacidad de crear algo nuevo ante un reflejo que no le devolvía lo que quería ver.

La imagino: Toma un traje negro de  – Órale ¡Que mala soy! Me veo maléfica y lóbrega ¡Perfecto!- eso piensa mientras se cala una camisa blanca de manga larga y busca un sombrero que le cubra el rostro –No voy a salir sin mi paciencia completa-, encuentra uno negro que cumple con todo y se pregunta a sí misma -¿Qué es la realidad? ¿Que existe y que imagino?, me gusta eso para salir de quicio en esta terapia-

No se miente, sabe que el tiempo pasa y su analista (Yo) la espera en una hora, el tiempo empieza a correr (o a moverse, vibrar, deslizarse, simplemente a traquetear), una hora para ponerse en blanco y después… una hora en el diván.

Súpita nació, perdón, la nacieron y al cabo, ni para siempre ni de cualquiera y con solo dos cosas para entregar; vida y muerte. La versión original, no tenía los subtítulos en español y sabía agacharse cuando repetía los mismos errores, una y otra vez. Sus padres el heredaron las estrellas, las ganas de vivir y su nombre, Ana. El diablo siempre aparece en los detalles y a ella que de niña quedo marcada cuando le cayó una araña del techo y su susto fue mayor, eso, la marco para siempre. El sentirla recorrer su cuello mientras dormía o solo el peso de su pelo cayendo sobre su espalda hizo que siempre lo llevara corto. -Ese pelo tan corto te trae con el coco caliente-

Alguien le había dicho que caminara para entrar en razón, -La gente nunca deja de caminar- y tomó a bien el consejo. Los atardeceres lluviosos, las puestas de sol escondidas y la lluvia pertinaz que se dejaba caer sobre el polvo de sus pasos, apaciguándolo y dejando ese olor a tierra.

Se hizo caso a sí misma y mientras caminaba rumbo al consultorio, inicio ejercicios de respiración. Era como aprender a llenar los pulmones, como salir al campo y poco a poco dejar que el viento le invadiera de a poquitos, en pequeñas rachas que se colaban de a ratitos en sus pulmones mientras se sorprendía de lo que aún le quedaba de capacidad pulmonar y como dejaba de pensar mientras se limitaba a respirar –Inhala exhala inhala exhala-. Era una crónica impaciente y sin sustento de las ausencias, incertidumbres, malos ratos y fogosidades que no le llevaron más que a dejarse llevar por la ciudad.

La promesa estaba hecha –Se feliz- nunca es tarde para serlo excepto cuando le das esa responsabilidad a otro –Hazme feliz- y peor si la condicionas – No voy a salir con esta cara- ¿Los sentimientos también dependen del movimiento de las partículas y su temperatura?

Cuando tienes miedo, todo es posible y puede suceder. Sabe que va a perder, tiene el tiempo en su contra y sabe que avanza inexorable, vibrando, moviéndose: como los sonidos, el gusto, el olfato, el tacto… ¿La vida es vibración? ¿Esta temblorina que siento es… su presencia?

Limpia y bella, que al final es lo mismo, una pose que me gusta. El fingir estar consciente ser limpio y no tener mácula. El no saber dónde termina lo real y comenzamos a fingir, a actuar y ser cuerdos de ello para seguir con la comedia, el drama. Todo de acuerdo al guion que no está escrito, se inventa a si misma conforme avanza la obra sin dejar de ser el modelo de persona

Pues como no, se voltea a mirarme y me deja clavado: -Esto es actuado, y aunque es cierto, no pasó- Y no le importa la trama porque ya sabe el final y ella tiene la batuta que dirige la obra, todos los demás somos actores secundarios sin movimiento propio ni papel definido.

¿Por qué todo tiene un envés, o no? Pero para eso andamos sueltos y sin collar, y hay veces que la vida de quien lo cuenta es una aventura, y el sujeto del cuento peca de simple y anodino. Pero algo tiene, algo en el fondo que se deja caer sobre la trama, el ser de carne y hueso para inspirar ficción, al leerla sabes que se identifica y le provoca escalofríos.

Sale a atisbar más allá del consultorio, sabe que no es bueno fiarse de las apariencias y no quiere ver que hay delante, no se detiene a mirar y solo atisba el vacio perfecto de quien camina a ningún lado. Por unos minutos cruza el parque con la vista perdida y recuerda que tiene ropa interior blanca y en su bolso todas las preguntas y de las que solo recuerda que el camino para llegar fue muy largo. Faltan las respuestas.

Ana, abre bien los ojos y apresura el paso retándose a sí misma. Sabe que se quiere y por eso se puede traicionar a sí misma. Llega a casa a descansar pero solo se revuelca en la cama tratando de conciliar mientras siente su piel abrazada por el calor del día, todo es vibrar y retorcerse mientras se tiempla y destiempla al desnudarse para meterse entre las sábanas.

20090323

ménage à trois

Pasaron unos días, nos encontramos en un café de esos que son irrazonablemente adictos a lo simple. Ella cuelga su brazo, ve en el reloj la hora de sus culpas, marcada puntualmente, pero no contiene ningún tiempo porque sabe que algo va a pasar y quiere guardar ese momento cuando aún disfruta la poltrona, el café y la compañía. Mira con el rabillo del ojo para atrás, para adelante, solo para pensar algo y no darse tiempo para ser escéptica, pues siendo tan lúcida no quiere darse el lujo de caer para la carne y si para rodearse de disimuladas ideas en que esconde pensamientos. Porqué retratarse, no de cuerpo entero sino solo de cara. Algo más sólido que la monomanía de estar sola, algo que la lleve a una agonía más rápida para su sensatez de estar cuerda y declararse sana. O acaso, recuerda que el cuerpo tenía un dueño en la obscuridad y la cara otro patrón para la luz. Y que, la imprudencia al fin solo es quitarles el freno a los deseos reprimidos. Siempre será mejor ser nosotros mismos, aunque no estemos de acuerdo con ello. (Manuel, no seas imprudente y no opines de lo que no sabes, sabes lo que vale el riesgo y te sientes realizado)
- ¿La hurtaste? -
-No, le gusté y se quiso venir conmigo-
-No hagas ruido, ¡Deja todo como estaba y vete sin hacer ruido! -
- ¡Me gustaría saber sobre cual cadáver caminé! -
Y nos queríamos tanto que mi mayor miedo era que me hiciera daño tanto apego. Cuando se paraba intempestivamente y corría a abrir la puerta de la casa para asomarse y pensaran que alguien tocaba, la abría y cerraba rápidamente.
- ¡No era nadie! -
-…Solo tú conciencia, tú conciencia solamente-
Se termina apresurada la taza de café que casi no había tocado, toma disimuladamente el libro que había estado ojeando mientras yo la espero en la media luz de la cafetería, aprovecha, se para y se encamina al tocador, para ya no regresar en una huida de explicación que no de disculpa. Yo, me quedo, esperando, escuchando la música de fondo y ojeando el libro entre sombras, disimulado mi soledad entre las mesas.
Cae la tarde por entre las calles, la iluminación empieza y aun no deslumbran ni ciegan las luces, mientras, permiten caminar a ningún lado. Parecería que algo va a terminar, pero… no, todo tiene un orden y concierto y la paz baja con la noche mientras una mujer corpulenta que camina frente a mí me increpa cuando casi nos topamos.
-Perdón, vengo distraído-
-Adiós-
No estoy seguro que fuera un accidente, pero no pasó nada, sostengo el teléfono en la mano, pero no lo uso, siento una atmósfera enrarecida y dolosamente húmeda y pegajosa.
 Los extremos se complementan porque ella debe ser muy bonita por obligación y en varios frentes para hacernos caber en una sociedad, con su nombre y apellido uno y su alias para el otro. En una mentira, tan encantadora y bien dicha que enamora, aunque sepa que es una farsa y sabe que soñar es peligroso cuando no es quien es, sino quien quiso ser en la tranquilidad de sus treintas. Voy de paso transitando entre emociones y alaridos con todos mis yos, veo como la vida me lleva envuelto entre sus patas sin saber a ciencia cierta en que creo, ni a quien respeto y sin embargo me veo satisfecho en ella, no hay la menor duda. Siento que estoy vivo y el sobrevivir me está pelando como a una fruta madura que es dulce y jugosa. A final de cuentas; mi vida es un conflicto crónico ¿Y quién no desea existir en una vida más emocionante y menos empatada? O acaso impúdicamente soñadora en el lapso que pasa entre ser joven y viejo, recorrer el camino sin que este se vuelva cada vez más estrecho y tan peligrosamente recto. En que el tiempo no es un lugar a donde llegar para tener conciencia tan temprano de lo que es real y verdad. En lágrimas húmedas de ojos secos, llenos de la grata amargura en que se convirtió la experiencia de ser su propio sueño, contaminado de la marea que baja de su mente tan falazmente que produce un vértigo que la lleva más rápido hacia el fondo, se quebranta y desencadenando tormentas a su paso en el Ménage à trois en que quiere apartar las palabras con su aliento para que se queden vagando entre los tres, confundiendo nombres y apodos. Ha sido mucho tiempo en su soledad para encontrarse súbitamente consigo misma en un punto que solo está ahí y no significa nada esconder sentimientos para después echarlos de menos, en una casa llena de puertas que no permiten escapar, están tapiadas con explicaciones y rodeos. Claro, todo lo anterior de golpe ya no significa nada y cae a pedazos al pasado en un mudo silencio que oprime sus oídos, como droga que evade y da placer entre los fogonazos de ruido y luz a su mente que no sabe con cuál de los dos comparte. Se ha convertido en una sacerdotisa y deja pasar los rituales según el día de la semana, la hora del día y siempre tratando de voltear el destino que insiste en regresar para ver pasar su propio entierro.
El teléfono suena, y en lugar de dar, pide explicaciones. El mismo café y ahora ya estoy leyendo otro libro que escogí porque tenía algo en común para ambos. Musito una respuesta que no lo es mientras ella observa una página en blanco del final del libro, toma su pluma, quiere como escribir una posdata, pero solo la raya transversalmente, como para anular la hoja. Me toma de la mano y me lleva fuera, ambos miramos hacia atrás, nadie nos sigue.
Sale de la regadera, el chorro de agua se llevó lo que ya no le gustaba, siente como le resbala entre el cuerpo, por entre las piernas y los dedos, acaricia sus vellos. Mientras la acarician, musita algo entre dientes y cree encontrar la palabra clave atrás del lunar que acrecienta su sonrisa, en sus palabras no se discute nada. Se relame la piel para buscar un último sabor antes de vestirse de a poquitos enfrente de quien la observa y no deja en el fondo de admirarla
-¿A quién le importa?-
-Pasión, amor-
-¿Entre dos mundos? Lo particular y el colectivo-
-No le importa regresar porque ya está aquí-
Si, fue como enamorarse y dejarse morir en dosis diarias, abandonarse en la realidad cuando no es la fidelidad sino una vista en el espejo, distorsionada y al revés. ¿Cómo ser? Si cada día tendremos menos y la relación se acrecienta en donde no se puede tocar ni alcanzar porque contar la historia es manipularla para acercase y comprobar que el olor que desprende no es precisamente agradable
-¿Quién dejó a quién? ¿Cuál de los tres es el clavo que une? -
-¿Te acuerdas  que te dijo antes? o de qué platicaban, cuanto añoraban...-
¿Quién imposta a quién? Porque alguien se tiene que hacer cargo del cadáver que quede al fin, pero ¿Qué hacer a más de quedarnos viendo de costado uno al otro y tomar el silencio como un sí? ¿Terminar como un enemigo intrínseco e incondicionalmente solidario? O solamente cada cual a su propio asunto en una malversada amistad y yo cargo con tener que decidir que es bueno o malo.
Recuerdos, solo recuerdos en que todo el día nos recreamos cuando nos dejamos de ser en el trío de invierno, totalmente seco y recalcitrante que despide desasosiego, al final de una que cama no tiene palabra de honor. Todos muertos o fingiéndolo, para vivir dejándose caer a la locura y el olvido. No lo comprendo socios y solo alcanzo a valorarlo en las carencias que me suplen, abrazos que lastiman para lo que aporta el ser y estar aquí en que no tengo la menor idea de donde es aquí y solo finjo una excentricidad perfectamente estudiada, disfrazada de adicción, para ocultar mi paupérrima manera de ser y mi prudencia para pasar inadvertido tanto tiempo.
Ahora lo mejor, debajo de la tranquilidad de la boca misma del sexo: piensa que todo sigue igual, pero no. Bulle, hierve algo que no está bien. Se levanta de la cama, corre las cortinas para provocar algo de intimidad en que maldecirme, suave y delicadamente. Y todos sabemos que hay atrás, un hueco, un agujero devastado por el que algo se escapa y a nadie le pertenece, no tiene dueño. Ahora ya no hay deudos ni desconocidos para la reciprocidad, aunque… ¡no lo sé! Quizás

20090313

¿Alguien pidió perdón?

 

Es un sobreviviente obstinado, tiene el aspecto reservado de quien quiere pasar inadvertido entre una puebla de iguales, el capitán José Antonio de Cárdenas se interrumpe a sí mismo una y otra vez volviendo a empezar las jaculatorias de siempre. Repite plegarias que ya casi pierden sentido de tanto decírselas a su memoria, el sonsonete de viejas preces que trajo su padre de la España pero que está prohibido decir en voz alta entre gentiles y solo las musita. De repente mientras siente que ya no son las mismas que aprendió en su niñez cuando salió de Cuba ni recuerda el sentido que le daba cuando las aprendió mecánicamente entre los duelos y quebrantos de sus abuelos expatriados.

Es demasiado joven para tener prejuicios y muy grande para no tener miedo. Se levanta del incomodo catre, había colocado sus pertenencias sobre el barril que usa como mesa en cuarto que tiene del mesón en las afueras de la puebla los Ángeles y una a una se las guarda con cuidado entre sus ropas, en especial una vieja llave que le había dado su padre para conservar con el siempre pero que no abría ya ninguna puerta y solo representaba un voto, se trabó la espada que había visto tantos duelos dejándola caer en su funda haciendo ruido. Los franciscanos le habían llamado y no sabía que pensar, se detuvo frente al imponente convento tan pesado y lleno de gente nueva, se santiguó mientras miraba como unos nativos colocaban talavera para adornar la fachada –Aquí hay plata- se dijo a sí mismo. El fraile que lo atendió se la puso fácil, ir al norte guardando una caravana, su sueño.

El contrato, para él y su espada fue proteger una hilada de mulas con las provisiones para irse al norte a establecer un poblado por cuenta de los franciscanos, Se alquiló para proteger el cargamento y ocultar su pasado y pobrezas. Llevaban al marrano que los protegiera a falta de ayuda del virrey y su tropa, aunque de este también se rumoreaba de su origen judío perdido en los laberintos del poder.

Después de todo el fray Sebastián había muerto en este convento y fue el que empezó con bueyes a transportar por todo la colonia.

-Nos reuniremos en Tlalnepantla para salir, en el Corpus Christi - la promesa de fanegadas de tierra había juntado a más gente de la pensaban. Las carretas de ocho bueyes solo servirían para la primera etapa del camino hasta Zacatecas en la senda que había abierto Sebastián, después, todo sería con las mulas y los tamemes que se alquilaban entre las postas y aduanas. En la última etapa dejarían atrás a los Chichimecas y se enfrentarían a lo poco que quedaba del los Apaches y Comanches en el norte.

-Hoy empiezan mis recuerdos- Se dijo a sí mismo y pensó en las gamuzas y cueros de cíbola sin beneficiar que le habían encargado las tenerías que estaban junto al convento en la puebla, era lo más preciado para empezar a comerciar porque aún tenían valor para vender a los citadinos después de tratarlas con la grana de Tlaxcala. El oro de la Cíbola que nunca apareció y los demás cuentos eran para engatusar recién desembarcados, para ir a buscar las riquezas que ya eran un mito, eso era, al fin, lo que ellos querían creer.

Pasaron Saltillo y pagaron su respectivo recuaje -A real la mula- Las que venían sin carga pagaba solo un cuarto de cobre y los escudos de oro los escondían en los calzones para las emergencias y comprar la mercancías para el viaje, los tlaquehuales y terrazgueros ya venían pagados desde la salida.

El camino apenas es una vereda, la recua se ha detenido atrás del desfiladero. La reata de mulas está nerviosa, ya no hay posadas para descansar. Un indio en lo alto vigila que no invadan sus tierras más de lo pactado, aun dominan sus tierras aunque ya están más en el norte del rio, es invierno y bajaron de las praderas a refugiarse en las cañadas y beber mientras pasa el frío. Ellos arreaban con algunos animales y sus mujeres y chamacos, puros Tlaxcalas que habían convencido de ir a encontrar Cibola o al menos alguna de sus siete ciudades pero solo encontraban a los descendientes de los que habían ido antes de ellos a colonizar, pasando hambres y sembrando una tierra dura.

Las campanas tocan a difunto mientras salían de la última hacienda, se alborotaban las mulas que no se acostumbraban a ir atrás de la caballada, pero era necesario para esconderse para que no oyeran los resoplidos. Las diligencias ya no eran un lugar seguro para viajar y escarbar para esconder siempre era una solución.

Seis mulos nomás para llevar el agua para una semana cruzando la sierra, atajando lo más que se podía a los indios, eran los más engalanados aunque bien se veía que necesitaban un baño con lejía

Pararon la recua y se dejaron caer a las orillas de la vereda, llevaban leguas y leguas de polvo y camino encima. Los recueros estaban atónitos al ver venir una yeguada salvaje y cada uno se apresuro a juntar sus doce mulas y se llamaban uno a otro para contarse mientras aprovechaban para sacarse la tierra de sus abarcas

La capitanía tenía órdenes de dejarlos pasar a la gran chichimeca, solo les advirtieron que cuidaran sus cabellos y la piel de sus caras mientras norteaban, las dadivas permitieron que las mercancías no fueran declaradas en el repostaje, al fin el no llevaba más que ganas de sobrevivir, estaban felices dándole alas a su lujuria con los que sometían en el paso. Esta caravana tuvo suerte y paso sin ser violada ni molestada con el hato de mulas, llevaban sus biscochos y prefirieron no abastecerse en el paso de nada que pudiera ser un problema después. Al final la tropa era una recua también que trajinaba de una estancia a otra cobrando alcabalas, desgraciando familias y pasos regulares para joder parejo y no hay quien ponga orden para que no les cueste trabajo pasar, fue un trabajo fácil para el capitán Cárdenas

La arria de puras yeguas venía atrás del hato de mulas que salían a tropel de la cañada, como tratando de disimularse sin zambullirse en la arena del piso flojo de los arenales. Los zagales se acostumbraron a dormir arriba de su mula para cuidarse de los ataques de las gavillas que asolaban la región y no dejaban guarnecer las mulas  El único paso de recua es muy peligroso y los pujidos de los arreadores se dejan escuchar entre el atardecer y el látigo truena de vez en vez. Se convierte la fila en una caterva de mulas sin orden negándose a caminar más, presienten que los comanches andan arriba husmeando y preparándose,

-Esto no va a ser una guerra de flores-.

Un capitán con licencia casi en la alegalidad y servidores clandestinos traficados sin familia llegaron al destino a salvo. Extrañaba las cucharas de Cuba y la puebla pero en estas zonas inhóspitas también se comía bien, más sencillo pero bien. Aquí no había ningún sepulcro que visitar, y el velo que cubría sus orígenes ya no tenía sentido ocultarlo. Sintió la vieja llave dentro de su bolsa y sonrió recordando la maldición que cargaba de ser siempre errante

¡Ria! ¡so! ¡jo! ¡arre! Su alma está viva en esta tierra nueva…

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