20080226

Hay que vivir el momento


Se deslizaba con esa clase de ingenuidad, que peca de cándida, caminó hasta el auto esperando que sucediera algo que la dejara perpleja en la candorosa ineptitud de sus dieciséis años y minifalda nueva sobre sus piernas tan rectas y hasta cierto punto inadecuadas para algo tan corto de tan delgadas (Están fuertes y suaves y en cada movimiento puedo evitar menos el disimular estarlas viendo, soy transparente como papel de china). Pero no sucedió nada y se dejó caer sobre el asiento del auto para abandonarse en la carretera junto a alguien que no conocía pero si la conocía, ese era yo. Así hasta que se acabó su aguante y se terminaron las ideas impracticables que buscaba para solo resignarse llevarlas y casi sin querer encontrarlas en ella misma en el momento en que se desanclaba de su cuerpo sin saber si era un milagro o algo físico el tratar de ignorarme o quizás de hacerme caso, pero no mucho.

Poco a poco sintió que la falta de voluntad era consecuente con su manera de manejar el momento y dejarse llevar, hasta que no le quedaba más remedio que regresar a su punto inicial.

A veces se justificaba a si misma tomando atajos o cambiando la plática mientras sus manos se dejaban caer sobre sus rodillas tratando de mantenerse ocupadas, pero siempre había un retorno para encontrarse a sí misma en su ingenua huida a lo narrado en su escape a ninguna parte. A fin de cuentas era su decisión de cada abandono volver y quedarse con la conciencia petrificada para regresar a lo mismo. A espulgar sus entrañas consumidas por tantas veces haberlas recorrido, igual, de arriba abajo, en un sentido a otro, desgastando atajos y veredas de tan poca vida.

Toda la historia en medio de justificaciones que rayaban en el eretismo de sus entrañas cada vez más maduras (Tose, seguro le va a dar gripe, ¿o estará molesta?). Esa tarde que se hizo eterna en mi memoria y solo cristalizó mucho tiempo después. No encontramos el punto esa vez… ahora tampoco, pero ya nos conocimos y fuimos uno… aunque fuera a destiempo y con otro sentido del amor (Me mira imperturbable y en cada movimiento sonríe de una manera misteriosa mientras se cubre las rodillas sin poder ocultar su desnudes).

20080211

-¿Qué haces?
-Nada



Tiene que ser un gozo tan irritante como el de existir mientras nadie se da cuenta que ahí estas; como el de una mujer que nos observa cuando estamos sin hacer nada y no puede entender que estemos con la mente en blanco, sin movernos y aun así nos concentremos en ello. Cuando a mi me importa la forma que no el contenido y aprovecho todas las desventajas para no hacer nada. Igual es la inspiración y el quehacer cuando estoy en blanco y obnubilado, siento que trabajo y no produzco nada, eso sí, con el entusiasmo envidiable de un dios eterno que no cambia, porque cambiar le restaría a su condición divina. Después de todo… es más bonito que te sueñen que soñar.

20080118

Por el amor de Dios, ¡si todo olvido es un rechazo!

Qué difícil es habitar en otro yo, estar dentro de él y dejarse caer con pertinaz pertinencia dentro de ti como si fuera otro, es como una reflexión sobre el silencio, es como cocinar para que te quieran y escribir para que te envidien sin remedio. Porque lo que garrapateas se grava en la memoria y solo se olvida en el discreto encanto de ser para perderse en los resquicios diminutos del consiente para solo abrirse de noche y con miedo agravando el insomnio. Sientes que te enamoras y dejas caer la tarde y lo que le sigue en inmensas horas que no dicen nada nuevo, solo reafirman lo que imaginas que hiciste con la vida y te devuelve historias completas y con un final en que pasan cosas… simplemente transcurren. Cosas como enamorarse y morir, o quizás olvidar y nacer de nuevo demuestran que ser listo es muy diferente a ser inteligente porque siempre en el fondo esta un fracaso y el miedo que persiste mientras se deja caer desparramado en la memoria para intentar borrarla. ¿Qué trato de olvidar? En fin… ya no me acuerdo, se me desgastó la conciencia.

20080115

Los secuestros exprés generalmente no son reales, no se dejen sorprender.
Aunque les pidan que no cuelguen el teléfono, localicen a su familiar y no se dejen llevar por las ansias.
Si el secuestrador en verdad tiene a su pariente, cuelguen que seguro volverá a llamar.

La voz que ponen al principio es de la que se apoyan para convencer al incauto, pidan hablar con la persona secuestrada.


Lo mejor es COLGAR el auricular y no dar ningún dato. Traten de mantenerse frios (Ya sé que no es facil)


Que poca madre de las personas que viven del dolor ajeno.


Me cagan las cadenas, pero comentenlo con sus amigos.......

20071129

Viento, tiempo, agua


Puedo decir que no sé, pero claro que conozco la sensación de angustia placentera de ver correr el tiempo entre el viento y la lluvia sobre mi rostro, las manos congeladas, la espalda adolorida de ir agachado sobre el tanque, detenerme sin pensarlo solo en las casetas de peaje y mantener la marcha a fondo casi eterna. Las ganas de estar a tope por toda la mañana hasta que algo se dispara y siento la necesidad de pararme en un lugar que sin estar marcado dice regreso y me veo sin nada encima, de vuelta. Y creo que aún no emprendo ni comprendo el camino.

-La velocidad nos uniforma en todo- cavilo. Está conmigo mientras en la motocicleta y con las llaves en el arranque lo pienso una y otra vez en mi ansia por correr que se queda en relación con lo sutil del peso de la enorme mole que significa el pequeño lapso de tiempo en que todo florece a estas horas en las afueras de Roma cuando aún no termina de salir el sol y la lluvia pertinaz me mantiene húmedo y helado, el agua corre en mi casco y me impide ver el horizonte en el cada vez más intenso y fugaz momento que pasó a toda marcha sobre la vía, pero pierdo la euforia en los primeros fríos, se murió en la cuesta eterna. La primera helada fue mi última y al fin el principal interés es no hacer nada.

Abro los brazos para desentumirme y espero que respire la vida mientras me subo a la maquina pero no me atrevo a arrancarla para tomar la auto-estrada, solo me quedó viendo los instrumentos apagados. Después de un rato y sin ganas… cansado de no hacer nada me regreso a Roma buscando un café expresso –Detesto dar marcha atrás, pero hoy no es mi día, el tiempo, el viento y el agua no son míos-

20071116

Lo sabía, a esa hora de la tarde empieza a obscurecer y para qué seguir en lo mismo habiendo tantas pendejadas nuevas por experimentar, palabras que directamente me decían lo que ella perseguía y yo me esforzaba en interpretar como la primera y única prueba de que no le escuchaba mientras hablaba, aun así, llegue a conocerle cuando me sentía fuerte y en plena razón. Mientras, casi sin querer iba cayendo entre su plática y me engarruño en la cama como protegiéndome de su voz -¿Qué diablos hago aquí?- Y a cada instante lo tengo menos claro, no existen dudas, ¡eso creo! pero cómo despojarme de esa cama mientras termina de morir la tarde en un frio invisible que me da miedo mientras trato de pasar tan desapercibido como la letra chiquita de los contratos que nunca leí.

20071110

Eso (era algo físico, lo sé) iba tomado de la mano con hacer daño a alguno de los dos, limpiar alguna culpa que no se podía penar después. Pero alguna ventaja tenía que haber en el anónimo de ambos dentro de ese cuarto barato, ignoto a cualquier orilla en que emprendí con nada y aun no me lo acabo aunque no era nada, ni siquiera sueño. Tan solo el hecho de poder despertar al día siguiente y saber que ya no estábamos solos en nuestro universo particular, la sombra era de alguien, algo, que estaba entremetido en nuestras pieles separándonos como humedad pegajosa y uniéndonos como pegamento que no era ni mi sudor, ni el suyo. No, solo dividiéndonos como la divisoria en medio de una calle que indica un sentido para circular en que la avenida es la misma y sin embargo va y viene a diferentes destinos y el contrasentido… no se da. Todos transmitimos dos clases de mensajes, buenos o malos, fríos y calientes, amables hostiles etc. Yo percibí los buenos, y eso, siempre es una cualidad que suma.

20071029

Segunda de muertos.

A estas alturas, camino y camino pero tengo algo que no me deja descansar, lo ando cargando y no me deja reposar, quiero que se explaye, se haga grande dentro de mí sin que me venza y quizás, solo quizás, me dejará descansar. Claro que ahora es todo imaginación, veo la luz, pero las sombras no existen. Siento los fríos y añoro los calores. Pero eso sí, los aromas y los perfumes siempre me acompañan, dulces y amargos, cercanos y casi imperceptibles los siento inundarme y quedarse atorados en mi recuerdo, dejándome ahogado sin aire.
Recuerdos más agradables porque ahora ya no es lo mismo, el nuevo color de la casa tan… diferente y aunque de tan brillante ya no significa nada mientras dejo la cuenta del tiempo que pasa sin transcurrir a plenilunios y perigeos. Mientras sigo recordando el mar dejaba su brisa resbalarse sobre la piedra con mis últimos datos almacenados junto a la rompiente, ahí recargada en el arrayan del patio de atrás junto al manglar, veo como se escurren las gotas humedeciendo la cuenca de mis ojos y anulando a todos los olores del patio con el sabor de la sal que pusieron en mi boca para que a fuerzas regresara a pedir agua.
¡No somos nada! Y nada existe entonces. Y ahí fue donde me quedé esperando por algo que no llegó rápidamente, bueno al fin apareció como un enemigo porque no había terminado lo que tenía que hacer. Al final fue literalmente no hacer nada, no somos nada pues: En fin ¿Quien no desea otra personalidad sin sentirse culpable? Bajar la cortina a una y dejar aflorar la otra. Aunque no sea aquí, ni con mi mismo cuerpo será simplemente… delicioso reinventarme.
Todavía no sé nada, quizás veo algunos fragmentos que tengo delante y se dejan olisquear. Solo alguna idea que no tiene ninguna experiencia junta, ¡probablemente se quedo en el temblor de mi cuerpo! Ahora todo es una tranquilidad dulce y olorosa a mar que se entrega soñolienta a seguir esperando.

20071023

Congoja


¿Qué será lo que me acongoja cuando estoy lejos, tan lejos del ardor que nos cubre? Algunas veces pienso en salir corriendo a encontrarla, pero generalmente solo me siento a pensar en ella. Y podría decir que extraño, pero no es eso, es solo una hebra que jala la madeja completa que me abruma dando y dando vueltas. Harta de hilos diferentes que se mezclan en una canilla única y nunca acabo de desenmarañar, solo el olor me hace desprenderme de ella mientras recuerdo como tenemos marcadas cosas que creemos nuestras y terminan siendo de otro.

¿Cómo y para qué? El viento pasa junto a mí dejando aromas y perfumes que solo me llevan a los caminos que ya he recorrído, abrazándome en mis recuerdos. A veces siento como lo oigo pasar pero no estoy seguro de qué es ese murmullo y si lo que percibo es un sonido, un ruido o tan solo el balbuceo de mi consciente que se pudre sin envejecer, en una manda que no me deja salir del limbo.

Me reí más de lo que debía, acostumbrado a dejarme llevar por la alegría para suponer que esto no afectaría a nadie más que a mí mismo, pero no fui el último en reír, me ultimó sin saberlo la sombra de mis palabras en algo que no sé si fue critica o sorna, pero como pesaba entre el disimulo de mis palabras y con la fuerza de un palo bien dado.

Desde hoy seré ingenuo, ignorante a todo lo que no me concierna e irrespetuoso de lo que se deja caer en mi conciencia con un vaso y medio de vino en la firme raigambre de inventar un sonido todos los días para buscar una puerta por donde escapar de enfrentarme con mi psique

Tal como hoy, este día puse punto final a mis sentidos y lo de todos los días era andar ebrio, con esa sonsera tan sabrosa del que nada le importa y todo le vale madres. Las malas compañías fueron la razón, pero ahora tengo cuentas que saldar e historias que contar para mucho tiempo y eso no es una pena para narrar porque ya no me salen los sonidos y solo yo me escucho cuando adivino lo que dicen los demás.

-¿Qué apeteces?- ¿Qué serían? Seis ocho tequilas y amarla en el infierno de los vivos (bonito nombre para una cantina), da coraje pero vale la pena esperar la fría pal desempache que para cuando llega ya es cruda que hay que curar con la que sigue y así hasta hartarse de trago.

Mi experiencia con el pasado empieza ayer, un antier que no tiene fecha porque yo no lo decidí, ella decidió por mí, o yo que sé que será mañana. A pesar de todo solo era una imagen que proyectaba un significado (O quizás una idea proyectada en algo que no significa nada) en un género maligno que me acerca al tiempo.


No era cierto, incluso pensé que era un mito el conocerla y haber estado juntos porque al final no sé si nos amamos o solo nos conocimos en un dolor único de los dos en que el final se queda abierto, expectante, como buscando algo más real pero todas las variantes son en tonos de gris y cada vez más difusas.

Esto lo escribí en mi orilla, porque en la otra orilla esta esperándome el perro que me guiará al paraíso y tengo miedo de cruzar (o será solo curiosidad), pero no puedo pretender quedarme aquí toda esta vida que ya no le queda tiempo.

Cuando paso por ahí, creo sentir algo parecido al frio. Las más de las veces solo alcanzo a percibir el aroma de las flores amarillas con sus cirios e inciensos, el de las frutas maduras, el pan con su aroma a horno de leña y agua de flor de azahar a y obviamente el de la madera de mi caja que se combina con el del trago que me dejaron, ahí, en la repisa de la casa de mi madre.

20071006

Debreyes de manducatoria


En el borde, en la mera orillita entre la sanidad y la locura observo pasar obsesionado el tiempo y uno que otro mesero de negro y blanco con esa ofuscación que sería una perdición retorcida de ideas de no ser porque tengo un buen rato sentado en el bar con el aperitivo, esperando, esperando que se vaya el miedo, que empiece el festejo y se acabe esto de una vez por todas. Pero no, que es nuestro aliento sino palabras que inspiramos y aspiramos una vez tras otra, caladas por las lágrimas gratuitas de un sentimiento por las que no regresan y esperamos pacientes viendo como transcurrió el año.

Y que es la vida sino la melancolía de recordar nuestro origen, sabiendo que vivimos para nacer porque aún no estamos vivos. Y es que destapando nuestra realidad descubrimos la verdad de bebernos nuestra felicidad para dejar solo la espuma y saborearnos la vida porque la muerte no existe. Y eso último lo afirmo tres veces con mi alma de adolecente inadaptado en la que los dogmas tienen tantos huecos.

-Más aceite de olivo, pásame la alcuza por favor- Se oye en la lejanía de la cocina, en el sabor de entregarse a la inspiración de una comanda casi absurda y el fervor de servir. Se asoma la mayora con su cofia blanca diciendo impertinencias porque el recaudo no es lo que ella acordó y así tendrá que hacer maravillas para complacer a los comensales. Claro que no sabe que soy un año más viejo pues que, tal vez hubiese ido a mercar ella misma. Para poder inundar de nuevas sensaciones mis gustos en el festín. Gaudeamus Igitur.

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